Un hombre frente a los incendios en Bolivia. Foto: RRSS
Bolivia podría enfrentar en 2027 una de las temporadas de incendios forestales más severas de los últimos años debido a una combinación de factores climáticos y ambientales que ya comienzan a preocupar a especialistas. Entre ellos figuran la posible presencia de un fenómeno de El Niño de gran intensidad, la acumulación de vegetación seca y las limitaciones existentes para prevenir y responder a emergencias de gran magnitud, de acuerdo con una nota de ANF.
Aunque las proyecciones para 2026 no anticipan un escenario extremo, expertos en gestión ambiental consideran que el próximo año debe ser aprovechado para fortalecer las acciones de prevención, monitoreo y control, con el objetivo de evitar una crisis mayor en el futuro cercano.
Armando Rodríguez, gerente de proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), explicó a ANF que los modelos climáticos muestran señales que podrían derivar en condiciones más adversas que las registradas durante años particularmente complejos para el país, como 2010 y 2024. Sin embargo, aclaró que el escenario más preocupante aún se encuentra proyectado para 2027.
Según el especialista, durante 2026 regiones vulnerables como Santa Cruz y el sur del Beni podrían mantener niveles de humedad relativamente estables, lo que permitiría que los incendios que lleguen a producirse sean atendidos dentro de las capacidades de respuesta existentes.
No obstante, advirtió que el riesgo no se limita a la ocurrencia inmediata de incendios. El principal problema podría originarse en la abundante vegetación que crecerá durante la temporada de lluvias. Si posteriormente se instala una sequía prolongada, esa biomasa se transformará en una enorme reserva de material combustible, capaz de alimentar incendios de gran intensidad y rápida propagación.
El especialista sostiene que esta combinación de lluvias, crecimiento vegetal y posteriores condiciones secas ha sido un factor determinante en grandes emergencias ambientales registradas en distintas partes del mundo. En el caso boliviano, la situación podría agravarse por las dificultades para desplegar acciones preventivas a gran escala y por la presión creciente que enfrentan los ecosistemas debido al cambio climático.
Ante este panorama, las organizaciones ambientales consideran que los próximos meses serán decisivos para fortalecer los sistemas de alerta temprana, mejorar la coordinación entre instituciones y reducir la acumulación de material combustible en las zonas de mayor riesgo.
Para varios expertos, el 2026 representa una oportunidad para prepararse. De no aprovecharse ese margen de acción, Bolivia podría llegar a 2027 enfrentando condiciones propicias para una temporada de incendios de dimensiones excepcionales.





