Hace algunos días se repuso el busto de Víctor Paz Estenssoro en el sitio donde había sido puesto el busto del Evo cochino, mismo que fue retirado y llevado por sus leales llunk’us a su sede donde, cual becerro de oro, le rindieron pleitesía poniéndole guirnaldas y jusq’undo su imagen. Jusq’uña es un término que se usa en aymara para describir el modo en que alguien acaricia y se pone regalón con otro alguien.
La reposición de la imagen de Paz tuvo muestras menos… efusivas pero también hubo un despliegue de emoción y zalamería que se vio adornado con un desfile de banderas sacadas de baúles y armarios, entre esqueletos y panfletos con manitos dibujadas haciendo la V de la victoria; esa señal hoy en día es reconocida más como una expresión de los fanáticos del anime, mal llamados otakus, que lo que representaba en el pasado de nuestros mayores. Aunque mucho ojo, porque hay muchos jóvenes que admiran la estampa del “Mono” y afirman, con la convicción característica de la juventud, que fue el mejor presidente de la historia.
Uno, que es viejo, mira todo con desconfianza, aunque sería un error negar la importante presencia de Víctor Paz en la historia. Paz fue un verdadero estadista de carrera, no fue ningún improvisado y no llegó a donde estaba por hacer declaraciones escandalosas y por lanzar discursos demagógicos; sabía dónde apretar y donde soltar para salir airoso en sus proyectos, pero el hombre no estuvo solo, los pensadores e impulsores del MNR fueron una generación que se fue formando desde la Guerra del Chaco y maduró con sabiduría desde la oposición hasta que llegó al poder.
Sí, ese MNR con pequeña representación parlamentaria que salió en defensa de los mineros masacrados en Catavi en 1941, se fue forjando con teoría, ensayo y error, como ese agosto de 1949 cuando se sublevaron e intentaron establecer un gobierno en Santa Cruz, cosa que no se pudo pues todo aquel que quiera tomar el poder, deberá hacerlo en La Paz (sí, yo sé, es por el centralismo) y alcanzó la madurez suficiente como para retroceder en su política nacionalista-nacionalizadora en 1985 para salir de la hiperinflación.
Pero no todo es bueno, ese mismo MNR se ensañó con sus rivales políticos y creó campos de concentración para los falangistas, se rodeó de milicianos que sembraban el terror, utilizó la nacionalizada COMIBOL como caja chica para sus gastos onerosos y de propaganda, creó empresas deficitarias donde acomodó a sus partidarios, generó una sobrepoblación de funcionarios y burócratas, aprendió a declarar en comisión a los dirigentes para que no denunciaran sus excesos y desaprovechó una bonanza económica que cuando llegó a su fin, cargó con la economía de los bolivianos.
Pero bueno, lo mejor que hicieron y que pocos refieren —pues ha corrido mucha, pero mucha tinta para hablar del MNR en la historia, de la nacionalización, la reforma agraria o el voto universal— es la reforma educativa de 1955. En ese aspecto, Carlos Gustavo Machicado tiene un texto maravilloso donde demuestra con datos, cómo influyó esa reforma en la creación de capital humano para las siguientes décadas: en los 70s con ingenieros, arquitectos, médicos, abogados, etc. Y en los 80s con economistas que salvaron al país del abismo, porque creo que ya todos saben que el 21060 no se hizo en Harvard ni en ninguna otra parte más que en Bolivia. Desde entonces, todas las demás reformas, han sido pequeñas y de poca influencia, salvo la Avelino Siñani que sí influyó pero para mal.
De vuelta al busto. Queda claro que Víctor Paz y el MNR son el partido con más historia de nuestro país, queda claro que tuvieron luces y sombras y que a diferencia del MAS, que se concentró en dividirnos entre indígenas y q’aras, entre oriente y occidente, el MNR tiene el mérito de haber pensando en un proyecto nacional y en tener una nación y no sólo un Estado. Partiendo de ahí, el problema con poner el busto de Paz en la Asamblea no es que no se lo merezca, es que cuando se vayan los Rodrigos y entren otros, es posible que pongan otro busto allí, porque las percepciones suelen ser subjetivas y es posible que tengamos de regreso al mísero líder del Chapare, al Che, a Barrientos, a Felipe Quispe, a Carlos Palenque, a don Enredoncio, a María Galindo, a Lara o a cualquier persona que en la febril cabecita de nuestros políticos aparezca como sublime inspiración en su aventura en el poder.
En ese entendido, ¿Cambiaremos de bustos constantemente? Quizás juzgo mal y yo, estando en poder, también seguiría el ideal lisonjero de mis compatriotas y pondría el busto de Hilarión Daza o de Germán Busch porque eran muy guapos… ¡No! ¡Que no me arrastre el espíritu llunk’u de mi país, que lo nombró Bolivia por llunk’iarse con Bolívar! Pienso que debería ponerse un letrero en ese lugar que diga “Recuerda que el poder es efímero” porque no hay verdad más grande que ésa cuando uno es autoridad: hoy estás aquí, hablando sonceras ante la prensa mientras tus acólitos te aplauden y mañana puedes estar rogando por tu pasaporte diplomático porque tus seguidores ya no aguantan hacer vigilias. Me callo porque es hora de rendirle pleitesía a mi perro, Presidente Oberyn.
Sayuri Loza es historiadora, artesana y bailarina.
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