Balsas en el río Madre de Dios. Cortesía de Lucio Ayala para Sumando Voces
Un total de 270 balsas mineras fueron identificadas en un tramo de 184 kilómetros del río Madre de Dios durante una inspección realizada por representantes indígenas. Según el presidente del Territorio Indígena Multiétnico (TIM II), Lucio Ayala Siripi, las embarcaciones se encontraban en el río y sus orillas, pero no estaban realizando actividades durante el recorrido. Sin embargo, las comunidades mantienen en alerta. Para ello, grupos indígenas realizan vigilancia permanente en distintos puntos de las riberas y reportan cualquier movimiento.
«Se evidenció ayer altamente la presencia de 270 balsas mineras en el río Madre de Dios, en los 184 kilómetros que nos corresponde, y también, durante el recorrido, se evidenció que las balsas que se encuentran entra en el lugar, no están realizando actividades. Sin embargo, no se descarta que su trabajo de repente lo hacen durante la noche», dijo Ayala a Sumando Voces.
Ayala señaló que las organizaciones indígenas ya habían exigido a las asociaciones mineras el retiro de las balsas, pero hasta ahora no existe una respuesta formal ni una propuesta concreta de los operadores. Además, cuestionó que la Asociación de Balseros (Asobal) no haya acompañado la inspección, lo que impidió determinar cuáles de las embarcaciones cuentan con autorización.
El dirigente afirmó que las comunidades todavía apuestan por el diálogo, pero advirtió que si las balsas vuelven a operar, podrían romper las conversaciones y asumir medidas de desalojo. “Primero, la acción fue que se retiren y no se han retirado”, afirmó Ayala, quien explicó que la permanencia de las balsas sin actividad todavía permite mantener abierta la posibilidad de diálogo.
Las organizaciones indígenas preparan una asamblea de emergencia para el 13 de octubre en la comunidad de Exaltación en el departamento del Beni, donde se informará sobre los resultados de la inspección y se definirán nuevas acciones.
Afectaciones y riesgos
El dirigente también denunció tres tipos de afectaciones vinculadas a la actividad minera: ambientales, a la salud de la población y sociales. En el ámbito ambiental, mencionó la contaminación del agua del río Madre de Dios por mercurio, combustibles, aceites y otros productos utilizados en las operaciones mineras, además de la contaminación de los peces que forman parte de la alimentación de las comunidades. A esto sumó daños en cultivos y plantaciones de las familias que viven en las riberas.
En cuanto a la salud, el dirigente señaló que estudios realizados a integrantes de comunidades indígenas habrían evidenciado niveles elevados de mercurio en el organismo. Según explicó, algunas personas presentan concentraciones superiores a los niveles considerados normales, situación que atribuyó al consumo de peces contaminados y al contacto con aguas afectadas por la actividad minera.
El tercer ámbito, según el dirigente, corresponde a las afectaciones sociales. Mencionó accidentes registrados en carreteras y dentro del territorio indígena, así como el tránsito de maquinaria pesada y el transporte de combustible relacionados con las operaciones mineras. Aseguró que estas situaciones generan riesgos para las comunidades y alteran la vida cotidiana de sus habitantes.
Respecto a la seguridad de los indígenas que participaron en la inspección, Ayala aseguró que no tienen miedo y que continuarán defendiendo su territorio. Recordó que sus antepasados enfrentaron distintos conflictos para preservar las tierras que actualmente ocupan y sostuvo que la actual generación está dispuesta a mantener esa defensa. “No tenemos temor a nadie. Solo tenemos que tener miedo a Dios”, afirmó el dirigente, al referirse a la decisión de las comunidades de continuar con las inspecciones y la vigilancia de las riberas del río Madre de Dios.

Ayala también sostuvo que no les sorprende la falta de acompañamiento de algunas instituciones estatales durante la inspección. Explicó que las comunidades ya han enfrentado situaciones similares en anteriores gobiernos y que, históricamente, los pueblos indígenas han tenido que defender sus territorios con sus propios medios.
Según el dirigente, esperaban contar con el acompañamiento de instituciones como la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM), las Fuerzas Armadas, la Policía y la Fiscalía, pero finalmente realizaron el recorrido sin ese respaldo. Afirmó que previamente habían gestionado apoyo de la Fuerza Naval de Beni, aunque este no llegó a concretarse.
Para el líder indígena, la ausencia de las autoridades no modifica la posición de las comunidades. Mientras esperan una respuesta de las asociaciones mineras, los indígenas continuarán con la vigilancia en las orillas del río para verificar que las balsas no retomen sus actividades.
El dirigente señaló que las comunidades todavía priorizan el diálogo y esperan que los operadores mineros cumplan con el retiro de las balsas. Sin embargo, advirtió que, si vuelven a trabajar, se agotará esa vía y las organizaciones indígenas podrían asumir medidas de desalojo para defender su territorio y evitar nuevas afectaciones.





