Bolivia necesita socios comerciales, no amigos

Opinión

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Rubén Ticona Quisbert

Una de las variables importantes que nos llevaron a la crisis que atraviesa Bolivia fue el deterioro de las relaciones exteriores con países que diferían en la ideología política del Movimiento al Socialismo (MAS). El cierre de mercados contempló también el cierre de oportunidades de diversificación de la industria nacional; asimismo, puso un freno al crecimiento de las pequeñas y medianas empresas (MYPE).

Antes de la llegada de los gobiernos del MAS, Bolivia gozaba de acuerdos comerciales y programas de acceso preferencial a mercados con distintos países donde, sobre todo, los que sacaron ventajas fueron las MYPE debido a las características de los productos que se beneficiaban de estos. Entre los más importantes se encontraba el ATPDEA con Estados Unidos, un programa de preferencias comerciales que permitía la entrada a ese país de casi 6.000 productos sin aranceles (textiles, maderas, joyería, cuero). Sin el ATPDEA, los textiles bolivianos pasaron de pagar 0% de arancel a pagar hasta un 33% (IBCE, 2025). Al perder este acceso preferencial, el sector de manufacturas de las MYPE de El Alto fue el más afectado. Se estima que el valor de las exportaciones a Estados Unidos cayó drásticamente desde su pico de $us 2.011 millones en 2014 a apenas $us 271 millones en 2024 (IBCE, 2025). Mientras Bolivia salía del mercado, países como Perú y Colombia firmaron tratados de libre comercio definitivos con Estados Unidos, capturando la cuota de mercado que Bolivia abandonó.

El Tratado de Libre Comercio (TLC) con México, suscrito en 1994, buscaba una zona de libre comercio plena. El MAS lo sustituyó luego por el Acuerdo de Complementación Económica (ACE 66), que limitó el alcance comercial a una lista más corta de productos, perjudicando de manera considerable al sector exportador de valor agregado (IBCE, 2024). Con la eliminación del TLC, también se eliminaron las posibilidades de inversión mexicana en el país.

Lo mismo pasó con el Sistema Generalizado de Preferencias Plus (SGP+) de la Unión Europea, que otorgaba acceso preferencial a cambio de compromisos en derechos humanos y laborales. La falta de adecuación a normativas internacionales y la retórica antiimperialista frenaron el aprovechamiento de este mercado. Incluso la Comunidad Andina, nuestro mercado natural para las MYPE, se vio debilitado por las tensiones ideológicas.

Antes de 2006, Bolivia exportaba textiles a Estados Unidos con arancel cero. En el gobierno del MAS el sector se vio mermado, casi desapareciendo industrias que tenían un ciclo de producción integral como la Empresa Nacional de Textiles y otras con sede en la ciudad de La Paz, dejando sin empleo directo a más de 30.000 personas capacitadas (IBCE, 2025). En madera, pasamos de exportar muebles apreciados en Europa a enviar materia prima (troncos) a China. Asimismo, se exportaba joyería y cuero, beneficiando a la mano de obra cualificada boliviana por el alto poder adquisitivo de esos mercados.

Al abandonar estos acuerdos comerciales y esquemas de acceso preferencial a mercados, el MAS dio como alternativa los «gobiernos amigos»: Venezuela, Cuba, Nicaragua, China y Rusia. Este sustituto fracasó para las MYPE. Los únicos que salieron beneficiados fueron el sector agroindustrial del oriente boliviano por la apertura del mercado chino. Esta apertura de «amigos» no favoreció ni a las empresas públicas; la empresa textil SENATEX terminó con impagos por la crisis de Venezuela y la empresa de hilados y telas de camélidos YACANA exportaba apenas migajas a Rusia. En 2005, Bolivia tenía una canasta exportadora diversificada. Hoy, el 82% son recursos extractivos o productos básicos sin transformar (INE, 2025).

Con el nuevo giro de Rodrigo Paz, inicialmente parecía que Bolivia iba a tomar el mismo camino errado del MAS: anteponer la ideología sobre el bienestar de la población, una clara muestra fue adherirse al «Escudo de las Américas» liderado por Donald Trump. Sin embargo, con las últimas reuniones con el Rey de España y el presidente de Brasil Lula Da Silva, se ve un equilibrio orientado a buscar socios. Con Brasil la apertura para alimentos, lácteos, algodón y carne; con España el interés de invertir.

Pero hay que ser claros: el presidente Paz corre el riesgo de repetir el pecado de sus antecesores y cambiar un extractivismo por otro. Si bien el canciller señala planes para un acuerdo comercial con Estados Unidos, se habla de minería, agricultura y litio. Esto nos hace entender que seguiremos exportando materias primas. El interés de Brasil en alimentos beneficiará mayormente al sector agroindustrial del Oriente, que fue el único sector que creció en los 20 años del MAS (la soya pasó de $us 450 millones en 2005 a más de $us 2.000 millones en 2025 según la Cámara Agropecuaria del Oriente).

Si con el MAS los perjudicados fueron las MYPE del país, el actual gobierno parece estar excluyendo nuevamente a los productos de valor agregado (textiles, madera, joyas, cuero) de los posibles acuerdos comerciales. Se está generando otra vez una desigualdad de oportunidades, impidiendo la diversificación industrial y priorizando la exportación de materias primas. Se olvida que detrás de estas MYPE hay miles de familias que luchan día a día para salir adelante, obligadas a competir con el contrabando y que, en muchos casos, ante la falta de mercados, terminan resignadas al comercio informal.

Es buena señal buscar socios comerciales, pero se debe priorizar a los sectores productivos que estos 20 años fueron perjudicados con el cierre de mercados por el tema ideológico. Bolivia es diversidad, Bolivia es la mano de obra calificada del artesano, Bolivia es creatividad capaz de exportar una gran variedad de productos. Bolivia es industria que desea diversificarse y competir a nivel internacional.

Pero la apertura comercial se limita nuevamente a la exportación de materias primas con el único cambio del comprador, el país estará nuevamente estancado. Repetiremos a los 20 años del MAS pero con otra ideología. La pobreza se combate dando herramientas y oportunidades, no ignorándolo ni otorgando más ventajas a los que se beneficiaron del estado durante estas dos décadas.

Rubén Ticona Quisbert es economista y defensor ambiental.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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