Bloqueos: La crisis que golpea más fuerte a las mujeres y amenaza con dejar cicatrices duraderas

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Mientras Bolivia atraviesa más de 47 días de bloqueos y conflictos que han paralizado carreteras, encarecido alimentos y dificultado el acceso a servicios básicos, hay un sector que soporta una carga mucho mayor que el resto: las mujeres. 

Aunque las pérdidas económicas suelen medirse en millones de bolivianos, detrás de esas cifras existe una realidad cotidiana marcada por filas interminables para conseguir alimentos, la atención de enfermos, el cuidado de niños que ya no asisten regularmente a clases y la preocupación permanente por llevar comida a la mesa.

Para Tania Sánchez, directora ejecutiva de la Coordinadora de la Mujer, las crisis políticas y económicas nunca son neutras. Sus efectos recaen con mayor intensidad sobre quienes sostienen la economía cotidiana de los hogares y garantizan el bienestar de las familias.

“Las mujeres son quienes están preocupadas por qué se lleva a la mesa, quienes hacen las filas para conseguir alimentos, quienes cuidan a las personas enfermas y quienes buscan soluciones cotidianas para sus familias”, afirmó en el programa Periodismo Que Cuenta.

La afectación tiene rostro de mujer

Los datos respaldan esa percepción. Según cifras citadas por la Coordinadora de la Mujer, alrededor de ocho de cada diez personas en edad de trabajar en Bolivia forman parte de la economía informal. De ese grupo, aproximadamente seis son mujeres.

Se trata de comerciantes de mercados, productoras, artesanas, trabajadoras por cuenta propia, emprendedoras y pequeñas empresarias que dependen de los ingresos diarios para sostener a sus hogares. Cuando las carreteras quedan bloqueadas, los productos no llegan, las ventas disminuyen y la incertidumbre se convierte en una amenaza inmediata para la subsistencia familiar.

“Quienes generan su propio empleo son las primeras en sentir el golpe cuando se deteriora la economía y se paraliza la circulación de mercancías”, explicó Sánchez.

La experta en temas de género señaló que la crisis afecta especialmente a las mujeres vinculadas al comercio minorista, la producción artesanal, los servicios y los pequeños emprendimientos, sectores donde la informalidad tiene una fuerte presencia femenina.

En mercados de ciudades como La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Tarija y Oruro, los alimentos llegan a cuentagotas y los precios cambian casi a diario. Detrás de las largas filas hay, principalmente, mujeres que pasan horas intentando conseguir productos básicos para sus familias mientras hacen malabares para estirar presupuestos cada vez más reducidos.

La incertidumbre económica no solo significa menos ingresos, sino también una mayor carga de responsabilidades dentro del hogar, donde suelen asumir el abastecimiento de alimentos, el cuidado de niños, personas enfermas y adultos mayores.

Una crisis que profundiza la pobreza

Bolivia ya enfrentaba dificultades económicas antes de la actual escalada del conflicto. La inflación de alimentos, la pérdida del poder adquisitivo y la desaceleración económica golpeaban con fuerza a los hogares más vulnerables.

Los bloqueos prolongados han agravado ese escenario al dificultar el transporte de mercancías, reducir las oportunidades de comercio y generar escasez de productos esenciales.

Sánchez advierte que la diferencia entre quienes tienen un empleo formal y quienes sobreviven en la informalidad se vuelve más evidente en momentos de crisis.

“Quienes tienen un salario saben que, hayan podido trabajar o no, recibirán algún ingreso a fin de mes. Pero quienes viven de su trabajo diario no tienen esa certeza. Si no venden, no ganan”, sostuvo.

La situación resulta especialmente delicada para los hogares encabezados por mujeres, una realidad cada vez más frecuente en Bolivia. Son ellas quienes deben enfrentar simultáneamente el aumento de precios, la disminución de ingresos y las crecientes necesidades familiares derivadas del conflicto.

El costo invisible de los cuidados

Más allá de las pérdidas económicas, existe una afectación menos visible, pero igualmente profunda: la sobrecarga de las tareas de cuidado.

Las mujeres son quienes acompañan a personas enfermas cuando escasean medicamentos, quienes cuidan a adultos mayores que requieren atención permanente y quienes reorganizan sus jornadas para atender a niños que han dejado de asistir regularmente a clases.

“Las grandes filas para conseguir alimentos o medicamentos están llenas de mujeres porque son ellas quienes buscan soluciones para el funcionamiento diario de sus hogares”, señaló Sánchez.

La situación se ha agravado con las dificultades en el sistema educativo. La suspensión o interrupción de actividades presenciales en varias regiones ha trasladado gran parte de la responsabilidad del aprendizaje a las familias.

“Muchos hogares tienen un solo celular o una sola computadora para varios hijos. Entonces deben decidir quién recibe clases virtuales y quién no. Además, las madres deben quedarse en casa o reorganizar completamente sus actividades para acompañar ese proceso”, explicó.

Riesgo de una generación con mayores brechas

Las consecuencias educativas podrían extenderse mucho más allá de la actual coyuntura.

En comunidades rurales y zonas periurbanas, numerosos profesores enfrentan dificultades para llegar a las unidades educativas debido a los bloqueos y problemas de transporte. Como resultado, miles de estudiantes acumulan retrasos en su proceso de aprendizaje.

Sánchez advierte que las poblaciones más vulnerables serán nuevamente las más afectadas.

“El deterioro económico y social termina impactando con más fuerza a quienes ya tenían menos oportunidades”, afirmó.

Especialistas en educación coinciden en que las interrupciones prolongadas incrementan las brechas de aprendizaje y afectan especialmente a estudiantes de áreas rurales, donde el acceso a tecnología y conectividad sigue siendo limitado.

Para muchas niñas y adolescentes, estas interrupciones pueden traducirse en mayores riesgos de abandono escolar, inserción temprana en trabajos precarios y dependencia económica futura.

Impactos que permanecerán despupes de los bloqueos

Los efectos de una paralización prolongada no desaparecen cuando se levantan los puntos de bloqueo.

Sánchez recordó que la interrupción de las cadenas de abastecimiento afecta a productores, comerciantes y consumidores. La imposibilidad de vender productos o trasladarlos a los mercados genera pérdidas que pueden sentirse durante meses.

Como ejemplo mencionó el caso del sector avícola. Mientras en algunas regiones productoras el pollo llegó a venderse a precios muy bajos por exceso de oferta, en ciudades afectadas por los problemas de transporte el mismo producto alcanzó costos varias veces superiores.

“Lo que estamos viendo hoy no termina cuando se soluciona el conflicto. Muchos productores están reduciendo su actividad porque no pueden comercializar normalmente. Eso puede traducirse en escasez y mayores dificultades económicas en los próximos meses”, advirtió.

Por ello, la Coordinadora de la Mujer plantea la necesidad de medidas urgentes para garantizar el abastecimiento de alimentos y medicamentos, proteger los servicios esenciales y desarrollar programas de apoyo para pequeños productores, comerciantes y hogares en situación de vulnerabilidad.

Las mujeres, en la primera línea de resistencia

Mientras el conflicto continúa, las mujeres permanecen en la primera línea de una resistencia silenciosa.

Son quienes sostienen los hogares cuando los ingresos disminuyen, quienes buscan alimentos cuando escasean, quienes cuidan a los enfermos cuando faltan medicamentos y quienes intentan que los niños sigan aprendiendo pese a las dificultades.

Para Sánchez, la crisis actual demuestra que los conflictos políticos tienen consecuencias concretas sobre la vida cotidiana de miles de familias bolivianas y que esas consecuencias recaen, en gran medida, sobre las mujeres.

“Son ellas quienes están sosteniendo la economía familiar, los cuidados y la vida cotidiana en medio de esta crisis”, concluyó.

Detrás de las estadísticas, las pérdidas económicas y los balances políticos, hay miles de mujeres que cargan con el peso más duro de una paralización que amenaza con dejar consecuencias mucho más profundas y duraderas que las cifras que hoy ocupan los titulares.

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