Analistas: La insatisfacción con la democracia puede deberse a temas económicos

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Sumando Voces

Sumando Voces/ Foto: La Razón y archivo personal

La encuesta de UNITAS sobre la realidad nacional fue analizada este domingo en el programa Hagamos Democracia, de la red Erbol, donde los panelistas Marcelo Arequipa y Violeta van der Valk coincidieron en que la insatisfacción con la democracia puede deberse a aspectos económicos.

Según la encuesta, que fue elaborada por Ipsos CiesMori en las 10 principales ciudades del país, el 77% por ciento de los consultados se declara insatisfecho o muy insatisfecho con la democracia, el 82% percibe amenazas a los líderes sociales y el 67% detecta amenazas en contra de las ONGs. En ambos casos, los consultados identifican mayoritariamente al Gobierno como el origen de esas amenazas.

El politólogo Marcelo Arequipa dice que “a menudo, los problemas sociales se suelen mezclar mucho con problemas económicos. Ahí puede uno sospechar que democracia tiene relación con satisfacción o insatisfacción en temas económicos”.

Van der Valk, integrante de la plataforma Observación Ciudadana de la Democracia Bolivia, puso el ejemplo de Tarija, donde el porcentaje de insatisfacción es más alto que en otras regiones. “Tarija es llamativo, tiene que ver con que hay una mezcla de sensación de insatisfacción que tiene que ver también con la situación económica en que se encuentran estos municipios. Tarija ha venido sufriendo recortes en su presupuesto de manera sistemática, lo que ha afectado no solo en la situación social, sino económica y política”, dijo.

“Esa sensación de insatisfacción es porque la democracia no está resolviendo los problemas de las personas comunes y corrientes”, acotó.

De hecho, la encuesta también revela que el principal problema identificado por los consultados es la crisis económica.

En esa línea, Van der Valk enfatiza que “la insatisfacción no es con el sistema democrático, sino con el funcionamiento de la democracia, eso se debe a la manipulación y devaluación de las instituciones”.

Opina que “los datos son muy alarmantes porque son generalizados”, es decir, existe el mismo sentimiento entre hombres y mujeres, y entre personas de todas las edades.

Arequipa, sin embargo, enfatiza que democracia también es participación ciudadana y no solamente funcionamiento institucional, por lo que la insatisfacción tiene que ver “con nosotros mismos, porque no ejercemos el papel que deberíamos ejercer”.

Y se remite a la idea, también contenida en la encuesta, de que, para que exista una democracia fuerte, se requiere de una sociedad civil fuerte, pero, según Arequipa, hay una contradicción porque el 72 de los encuestados dice que en los últimos meses no ha participado de ninguna actividad ciudadana.

Violeta van der Valk, sin embargo, dice que es un dato fantástico porque “estamos asumiendo corresponsabilidad”, pero aclara que la misma encuesta revela amenazas en contra de líderes sociales, lo que “ha ido debilitando a la sociedad civil”.

También afirma que hay organizaciones sociales que “han sido cooptadas y manipuladas” y, por tanto, la gente evita participar e involucrarse en actividades de estos sectores.

La representante de la plataforma ciudadana, además, observa que la encuesta desaprueba a las instituciones estatales, incluso a aquellas que fueron creadas para el control social. “Si bien tienen nombre, son reconocidas, tienen personerías, ya no representan al tejido social realmente, sino que han sido cooptadas”, indica. Entre las instituciones reprobadas figuran la Defensoría del Pueblo, el Órgano Electoral, el sistema de justicia y otras.

Libertad de expresión

El analista Arequipa hace mención a la libertad de expresión, porque, según la encuesta, aparece como uno de los temas fundamentales de la democracia. Comenta que la amenaza sobre la libertad de expresión se cierne “sobre todos nosotros, al menos en dos niveles”.

“En primer nivel de amenaza, los medios de comunicación se han convertido en un actor político más y han dejado de ser medios de información”, afirma. Y, por otra parte, “en las redes, lejos de ejercer libertad de expresión, lo que hacemos es el ad hominem, es decir, yo no ataco a las personas por sus ideas, sino porque son personas, me interesa destruir a la persona, no a la idea. Lo veo como una amenaza fuerte a la libertad de expresión”.

Y, Van der Valk repara en el hecho de que muchos liderazgos sociales están perseguidos, sobre todo aquellos que defienden los recursos naturales, los derechos indígenas, el derecho al territorio.

Sin embargo, “la sociedad civil está encontrando puntos de apoyo para volver a fortalecer su trabajo y hacer incidencia aunque tiene muchas complicaciones al medio como estas amenazas”, finaliza.

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