Colectivos Urbanos de Bolivia reunidos en La Paz, en octubre. Fotos: Programa Urbano Red UNITAS.
Las ciudades no se transforman únicamente con obras de infraestructura, nuevos edificios o planes de ordenamiento territorial. También cambian cuando sus habitantes se organizan, identifican problemas, proponen soluciones y consiguen que sus iniciativas sean incorporadas en las decisiones públicas. Esa es la apuesta de los colectivos urbanos que, con el acompañamiento del Programa Urbano de la Red UNITAS, trabajan en siete ciudades de Bolivia para promover entornos más justos, inclusivos y sostenibles.
En el marco del Día Mundial de las Ciudades, que se conmemora cada 31 de octubre, la coordinadora del Programa Urbano de la Red UNITAS, Iris Baptista, destaca el papel de estos espacios de organización ciudadana y su capacidad para impulsar transformaciones que trascienden las intervenciones puntuales y buscan convertirse en políticas públicas.
La fecha fue instituida por Naciones Unidas para promover el interés en la urbanización, la planificación de las ciudades y la cooperación frente al acelerado crecimiento urbano mundial. Su propósito también es reflexionar sobre cómo aprovechar las oportunidades de ese crecimiento para contribuir al desarrollo sostenible y poner a las personas en el centro de las decisiones.
La conmemoración está vinculada a la Nueva Agenda Urbana y al enfoque del derecho a la ciudad, que plantea que los espacios urbanos deben garantizar condiciones de vida dignas, inclusión y ejercicio de derechos para quienes los habitan.
Desde esa perspectiva trabaja el Programa Urbano de UNITAS, que tiene una trayectoria de aproximadamente 25 años y apuesta por procesos de largo aliento para fortalecer la participación y la acción política organizada de los sectores urbano-populares.
Baptista cuestiona que la planificación urbana se limite, con frecuencia, a la construcción de infraestructura, el ordenamiento territorial o la provisión de viviendas, sin abordar de manera integral las necesidades y los derechos de la población.
«Desde el programa urbano nos preguntamos: ¿para quién se construyen o planifican las ciudades?», señala.
La respuesta se construye a partir del fortalecimiento de iniciativas ciudadanas que ya existían en distintas localidades. Desde 2022 y 2023, el programa ha promovido la conformación de colectivos urbanos en siete ciudades, integrados por jóvenes, mujeres, personas adultas mayores, personas con discapacidad, activistas y voluntarios que trabajan en temas como educación inclusiva, ciudades cuidadoras, resiliencia urbana y protección de espacios verdes.
De iniciativas ciudadanas a políticas públicas
Uno de los mecanismos que utiliza el Programa Urbano para fortalecer estos procesos es el Laboratorio Urbano de Innovación Social, concebido como un espacio de encuentro, formación y cocreación donde los colectivos elaboran pequeñas propuestas de intervención, denominadas iniciativas urbanas, que implementan periódicamente con apoyo técnico y financiero.
Las iniciativas abarcan distintas líneas de acción: formación ciudadana, recuperación e intervención de espacios públicos, producción, sostenibilidad ambiental y organización comunitaria. Sin embargo, su propósito no termina con la ejecución de actividades.
«Cada colectivo ha realizado propuestas ante las autoridades locales para que estas acciones que realizan se conviertan en política local y además contribuyan a la planificación», explica Baptista.
Entre las experiencias destaca la Agenda Urbana de Oruro, una herramienta de planificación aprobada mediante ley, que recoge propuestas para orientar el desarrollo de la ciudad.
Otra iniciativa es Mercados con Derechos, que lleva alrededor de cinco años de trabajo y busca mejorar las condiciones de las mujeres que desarrollan actividades económicas en estos espacios. La propuesta contempla entornos más seguros, grupos de autoayuda, espacios adecuados para niñas y niños y oportunidades para fortalecer la economía de las comerciantes, incorporando también prácticas de economía circular.
En materia ambiental, los colectivos de Cochabamba, Potosí y Tarija trabajan en la recuperación y protección de áreas verdes y bosques urbanos. Sus acciones incluyen el mapeo y registro de estos espacios, la movilización ciudadana, brigadas juveniles y propuestas normativas para evitar su ocupación y pérdida.
En Tarija, por ejemplo, el colectivo realiza un mapeo de los territorios verdes para presentar la información al gobierno municipal y promover que las áreas identificadas sean registradas oficialmente, como una medida para protegerlas frente a posibles avasallamientos o disposiciones sobre esos predios.
En Cochabamba y Potosí, las estrategias incluyen acciones de ocupación, limpieza y defensa de espacios verdes, con participación de jóvenes y colectivos de ciclistas.
En Sucre, mediante una alianza con el Colegio de Arquitectos, se desarrolla la iniciativa Mi barrio es mi mundo, mientras que otros procesos apuntan a la construcción de barrios sostenibles, resilientes y productivos, con acceso al agua, áreas verdes y mejores condiciones para sus habitantes.
Estas experiencias muestran distintas formas de ejercer el derecho a la ciudad: desde proteger un bosque urbano hasta garantizar espacios seguros para las mujeres que trabajan en los mercados o promover barrios preparados para enfrentar los desafíos ambientales y sociales.
Una propuesta para la agenda nacional
El trabajo de los colectivos también ha trascendido el ámbito local. El colectivo urbano nacional impulsó diagnósticos sobre la situación de las ciudades en un contexto de crisis y movilizaciones, y elaboró una propuesta programática denominada Bolivia Urbana 2026-2035.
La iniciativa plantea incorporar el ámbito urbano en las políticas públicas nacionales, en articulación con los lineamientos estratégicos del Gobierno y abordar distintas problemáticas y ejes relacionados con el desarrollo de las ciudades.
La propuesta busca que lo urbano deje de ser un asunto secundario o exclusivamente municipal y sea considerado de manera transversal en las decisiones del Estado. Su perspectiva de diez años plantea la necesidad de pensar las ciudades desde una perspectiva integral, que contemple los derechos de sus habitantes, la sostenibilidad, la inclusión y la participación ciudadana.
Para Baptista, el valor de estos procesos está también en el tipo de ciudadanía que construyen. Los colectivos no son solamente agrupaciones que desarrollan actividades en sus barrios, sino espacios donde se aprende a participar, deliberar y construir propuestas compartidas.
«Son laboratorios propiamente de coconstrucción, son escuelas de democracia participativa. (…) Y motores de transformación urbana», afirma.
La coordinadora destaca, además, que muchas de estas iniciativas surgen allí donde la presencia estatal es insuficiente y son los propios habitantes quienes asumen la tarea de buscar soluciones a los problemas de sus comunidades.
«Allá muchas veces donde no está llegando el Estado están los colectivos, están los activistas, gente de a pie que quiere transformar su ciudad», sostiene.
La ciudadanía como protagonista
En el Día Mundial de las Ciudades, Baptista plantea reconocer el trabajo de quienes, desde sus barrios y espacios cotidianos, contribuyen a transformar los entornos urbanos. Se trata de personas que cuestionan los problemas del tráfico, defienden las áreas verdes, promueven espacios inclusivos y plantean alternativas frente a las desigualdades que atraviesan las ciudades.
El desafío, sostiene, es reconocer que la ciudadanía organizada no constituye un actor secundario en la planificación urbana, sino un protagonista de las transformaciones presentes y futuras.
«Queremos también promover estas ciudades más justas, más inclusivas, más sostenibles, más democráticas», expresa.
La conmemoración invita así a ampliar la mirada sobre cómo se construyen las ciudades y quiénes participan en esa tarea. Porque el derecho a la ciudad no se limita al acceso a servicios o infraestructura: también implica la posibilidad de intervenir en las decisiones que determinan cómo se vive, se habita y se transforma el espacio común.




















