La indignación y rebelión de los jubilados

Opinión

|

|

Hernán Cabrera M.

Un amplio sector de la población boliviana, el de los jubilados, se cuenta entre los más vulnerables y olvidados por el Estado en todos los gobiernos que han pasado por el Palacio Quemado y la Casa Grande del Pueblo.

Sus rentas de jubilación son miserables, irrisorias y vergonzosas; desde hace muchos años no han registrado incrementos significativos, a diferencia de los ajustes salariales periódicos que se hacen para el sector público y privado. Todo esto a pesar de que el dinero recaudado durante décadas mediante sus propios aportes alcanza a más de 23 mil millones de dólares, los cuales son administrados y custodiados por la Gestora Pública. Esta entidad realiza préstamos importantes a la banca, a empresas privadas y al Gobierno, créditos que generan cuantiosas ganancias y utilidades para mantener en movimiento semejante masa de dinero.

Lo paradójico es que esos réditos y préstamos —provenientes del esfuerzo de cada jubilado— no se reflejan en la mejora de unas rentas de subsistencia que oscilan entre los 800 y los 3.800 bolivianos mensuales, montos que resultan insuficientes para afrontar los rigores del día a día.

Los reclamos de los jubilados bolivianos son cada vez más intensos, evidenciando un profundo malestar y una organización latente para exigir al Gobierno y a sus entidades competentes dos opciones claras: o la devolución total de sus aportes, o que el cálculo de la expectativa de vida se reduzca hasta los 80 años para elevar así las pensiones, y no mantener el criterio actual que proyecta pagos como si las personas fueran a vivir hasta los 110 años, origen directo de la miseria de estas rentas.

En las redes sociales este descontento se expresa sin filtros. Compartimos los criterios de miles de ciudadanos que exigen una pensión digna, acorde a la realidad económica, para afrontar la vida con tranquilidad y no en condiciones de sobrevivencia extrema. Leamos algunas de estas reacciones textuales:

  • Germán Coila: «Urgente modificación Ley 065 de jubilados».
  • Marisa Rosario Dorado Sevilla: «Mísera la pensión. En la CNS no hay medicamentos ni reactivos para estudios y los equipos no funcionan. Programan una resonancia para dentro de un año. Fichas para especialistas no hay. ¿Y nos hacen cotizar para vivir 110 años? Las devoluciones por compra de servicios tardan tres años».
  • Hermilda Sánchez: «Es correcto que suban las rentas, han perdido su valor adquisitivo».
  • Marcelo Aroyo: «La gente antes de jubilarse se muere y la Gestora se adueña de nuestro dinero… Por eso no quieren viabilizar la devolución».
  • Eddy Cáceres: «¡Debemos luchar ahora o nunca, callar y morir de hambre! Estamos reclamando lo justo, ¡es nuestro dinero, nuestros aportes! Convoquen a movilizaciones, todos iremos a las calles a luchar y pelear por lo justo».
  • Arminda Espinoza: «¿Y qué de nosotros los que ganamos 900 bolivianos? Hagan algo».
  • Wily Mejia: «Ese debe ser un tema de atención prioritaria para los asambleístas que pasean por los pasillos con sus maletines o su QR para aprobar otras leyes, sin pensar en el colectivo de jubilados con rentas miserables que no alcanzan para nada. Es denigrante para quienes dedicaron toda su vida a trabajar y ahorrar para su vejez; ni este gobierno corrupto hace nada para mejorar».
  • Eduardo Rolando Huravi: «La respuesta está en las calles, con marchas y bloqueos de carreteras… Los jubilados no estamos pidiendo regalos, solo lo que nos corresponde».
  • Rómulo Vincenti Cuellar: «La situación es insostenible con esas rentas miserables».
  • Edmundo Portillo: «Desgraciadamente la renta de jubilación es una miseria, mientras que la renta vitalicia de los expresidentes es jugosa».
  • Yolanda Lima Ramírez: «No podemos seguir viviendo de la miseria de pensiones; ni hay medicamentos en la Caja. Es una pena que desde septiembre no pueda recoger mis remedios».
  • Pilar Zenteno: «Señores gobernantes, no nos pongan en la situación de salir a las calles por una jubilación digna. ¿Qué ser humano puede subsistir con 980 bolivianos? Con documento en mano demostramos ese nivel de jubilación de hambre».
  • Félix Loredo: «Señores jubilados, es hora de exigir un incremento justo a las rentas. ¿Hasta cuándo aguantaremos estas magras rentas de hambre? Queremos una renta justa, queremos tener una vejez digna, o que de una vez se privatice la Gestora».
  • Erick Garamendi: «Son unos ladrones, no quieren decir cuánto es nuestro saldo acumulado ni cuánto interés está generando nuestra plata; en el resumen del extracto sale negativo».
  • Humberto Mérida Alcázar: «Y de los intereses que ganan por prestar nuestro dinero, nunca nos informan cuánto ingresa mensualmente».
  • Guido Rodríguez Sánchez: «¿Por qué no hay aumento a las rentas si es nuestra plata? ¿Qué parte no entiende la Gestora chupasangre y gana-panes sueltos?».
  • Lucio Murillo: «Es por eso que muchos siguen trabajando aunque doblados en diez; no quieren jubilarse».
  • Douglas Morales Boyán: «Estos delincuentes de la Gestora hacen que los jubilados no podamos cobrar más, haciendo desaparecer las ganancias que nuestro dinero produce. En la ley se debería cambiar la tabla que utilizan del mínimo y el máximo, donde solamente se aplica el piso y no así el techo».
  • Nelson Chávez Gil: «Merecemos respeto. Ni estamos pidiendo favores… exigimos lo nuestro, son nuestros ahorros para la vejez».
  • Ariel Torrez Olguín: «La única manera para que nos escuchen es bloquear las calles y hacer huelgas de hambre; los dirigentes tienen que convocar».

Y son cientos de comentarios, críticas y peticiones de personas que cargan con el vía crucis de una renta de jubilación indigna, vergonzosa y precaria.

El Gobierno debe escuchar este justo reclamo y actuar con equidad. Los mandatarios que han pasado por el poder —Víctor Paz, Jaime Paz, Hugo Banzer, Jorge Quiroga, Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, Eduardo Rodríguez, Evo Morales, Luis Arce y el actual presidente Rodrigo Paz— no han actuado con la debida justicia ni con un alto compromiso solidario hacia quienes durante décadas sirvieron al país. A estos trabajadores se les descontaba religiosamente de sus salarios para un fondo de pensiones cuyos recursos dinamizan la economía nacional, pero ellos no reciben ganancias ni incrementos desde hace muchísimos años.

Al parecer, una revolución o resistencia silenciosa se viene gestando entre los jubilados, quienes han encontrado en las redes sociales un espacio para expresar su bronca, su ira y su indignación, exigiendo lo que la Constitución Política del Estado manda de forma obligatoria en su artículo 67, parágrafo I: “Todas las personas adultas mayores tienen derecho a una vejez digna, con calidad y calidez humana”.

Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

Comparte:

Noticias

más leídas

Indígenas, mujeres y jóvenes plantean una agenda para superar la crisis en 9 ejes

Anatomía del hundimiento del Cerro Rico

Festival para celebrar acciones de Paz reunió a entidades, organizaciones, comunidades y ayllus en Potosí

Indígenas se declaran en alerta ante acoso de mineros y exigen garantías para ejercer sus derechos y evitar la confrontación

Contiocap denuncia que la minería arrincona a pueblos indígenas en sus territorios ancestrales

Colectivo Urbano Nacional presentará propuestas para transformar las ciudades en Bolivia

Nostalgia de la risa

El privilegio de tutear

La asfixia fiscal como vía sancionatoria encubierta: Litigio tributario estratégico en defensa de las OSC