A partir de las 6:30 de la mañana, del 7 de octubre de 2023, el grupo terrorista “Hamás” realizó una incursión a localidades del sur de Israel, como consecuencia de la cual fallecieron más de 1.200 personas, 14.970 resultaron heridas y 251 fueron secuestradas y llevadas luego a Gaza. De los muertos, alrededor de 809 eran civiles, 280 mujeres y 40 niños; 314 eran miembros de las fuerzas militares del país agredido. Fue, sin lugar a duda, un acto cobarde, inaceptable y repudiable desde todo punto de vista.
En respuesta por lo ocurrido, las fuerzas sionistas lanzaron un ataque (que dura hasta hoy) contra la franja de Gaza, a raíz del cual se produjo la muerte de 73.400 personas. De ellos, entre 21.300 y 21.500 fueron niños palestinos (más de 1.000 bebés menores de un año, de acuerdo con los reportes consolidados por agencias internacionales y organismos de la ONU actualizados a mediados de 2026). Además, hay miles de desaparecidos cuyos cuerpos se encuentran bajo los escombros de la destrucción producida por los ataques sionistas, que prácticamente arrasaron con la franja.
La cifra de personas heridas supera los 174.000, de las cuales alrededor de 44.000 eran niños con heridas físicas y miles de ellos que han sufrido amputaciones o discapacidades permanentes. A ello hay que sumar los traumas psíquicos con los que permanecerán el resto de sus vidas.
Por lo que hace a los destrozos físicos en la Franja de Gaza alcanzan niveles catastróficos. De acuerdo con la Evaluación Rápida de Daños y Necesidades (RDNA) publicada conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea y el Banco Mundial, el costo de los daños directos a la infraestructura física se estima en 35.200 millones de dólares.
Datos obtenidos de internet dan cuenta de la destrucción sectorial que se detalla de la siguiente manera: Vivienda y Edificios Residenciales: Más de 371.888 viviendas han sido destruidas o dañadas, lo que representa más del 90% de todo el parque residencial de la Franja. Impacto urbano: Bloques residenciales enteros y edificios de gran altura fueron demolidos de forma sistemática. Infraestructura Médica y Educativa, Hospitales: Más del 50% de los centros hospitalarios están completamente inoperativos o destruidos, colapsando el sistema sanitario. Escuelas: Prácticamente todas las instituciones educativas y escuelas de la Franja presentan daños graves o destrucción total. Redes de Agua, Energía y Saneamiento, Agua y desechos: Los sistemas de agua, alcantarillado e higiene sufrieron un colapso estructural severo. La acumulación masiva de escombros y la rotura de tuberías críticas restringen críticamente el suministro de agua potable. Escombros contaminados: Se estima que existen entre 50 y 60 millones de toneladas de escombros, los cuales están masivamente contaminados con artefactos y explosivos sin detonar. Economía, Comercio y Agricultura, Campos destruidos: Tierras agrícolas, invernaderos y sistemas de riego fueron diezmados por completo. Contracción económica: Los daños estructurales paralizaron el comercio, provocando que la economía local se contrajera un 84% y haciendo retroceder los indicadores de desarrollo humano de Gaza unos 77 años. Para restaurar los servicios esenciales e iniciar la reconstrucción integral durante la próxima década, las organizaciones internacionales calculan que se requerirá una inversión total de 71.400 millones de dólares.
Tremenda diferencia entre un ataque y otro. El “alto al fuego” acordado en 2025 ha sido violado infinidad de veces por parte del gobierno sionista que, adicionalmente, ha utilizado el conflicto (que no es guerra sino genocidio) para mantener a un gobierno corrupto como el de Netanyahu.
Pues a bien, aunque no lo creamos, la barbarie no quedaó ahí, sino que hora vuelve a entrar en escena un monstruo sionista llamado Ben-Gvir, ministro de seguridad nacional, de origen iraquí, un monstruo que, como dice Gustavo Veiga en el diario Página 12, es el malvado que juega a ser el peor de todos:
“El pasado domingo 16 de agosto, declaró: ‘Creo que se deberían llevar a cabo asesinatos selectivos en Gaza’ y explicó en qué consistía su propuesta. Cada noche se debería ‘eliminar’ a treinta o cuarenta palestinos porque “ni siquiera son personas”. Días más tarde, se filmó en video recorriendo los patíbulos con miradores que mandó construir para seguir en vivo y en directo las ejecuciones judiciales de palestinos que van a venir. Se lo permite el nuevo régimen penal de Israel que impulsó y fue aprobado en la Knesset en marzo, por 62 votos a favor y 48 en contra”.
“Cualquier acto que el estado sionista considere terrorista será pasible de la pena capital por ahorcamiento. Es indispensable un requisito: ser palestino. Una forma de ejecutar que hace del exhibicionismo un ritual deshumanizante y que según la ley del Parlamento israelí no alcanza a los colonos extremistas que ocupan de manera violenta y sistémica las tierras de Palestina en Cisjordania”.
“Prometí aprobar la ley de pena de muerte para terroristas, y lo hicimos. Y ahora el corredor de la muerte y las instalaciones para la horca también están empezando a tomar forma”, dijo frente a la cámara el monstruo de lentes, panza prominente y desaliñado que celebró sus 50 años en mayo de 2026 con una torta que por decoración llevaba la imagen de una horca y la frase en hebreo: “A veces los sueños se hacen realidad”.
Con estos monstruos pactó el gobierno de Paz Pereira, aunque —para ser honestos— sus antecesores pactaron con otros monstruos como los que gobiernan Irán, Nicaragua, Venezuela, Cuba y similares.
Si de monstruos se trata, ahí tienen uno (o varios).
Carlos Derpic es abogado.
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