«Que alguien piense en los niños»

Opinión

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Sumando Voces

Fui niña hace más de diez años. Prender la Tv en esa época era para ver noticias, las dramáticas escenas de las telenovelas mexicanas y de nuevo, las noticias. Mientras iba creciendo, de entre todas esas imágenes logro recordar un par de programas con contenido que sí entendía y me gustaba, uno de ellos PICA (Programas Inteligentes Con Adolescentes), ocho minutos de adolescentes hablando de temas de importancia e interés, para luego volver al típico programa de la tarde. Para mí no era un problema, pues tenía “Tv cable” y con un solo clic migraba a un canal gringo, pero ¿qué pasaba con aquellos que no tenían esa posibilidad?

Como otros 196 países, Bolivia ha ratificado la Convención de los Derechos del Niño (CDN) en 1990. Este tratado internacional busca que se reconozca a las niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho. Si hablamos de derechos siempre pensamos en la salud, la alimentación y otros que claramente son primordiales, sin embargo, este documento en su artículo 17 también aterriza en un concepto quizás obvio para muchos pero que no se respeta: el deber del Estado de promover la producción y difusión de materiales adecuados para la infancia y la difusión de información y material de interés social y cultural.

La normativa boliviana también impulsa lo que rige en la CDN. En su artículo 107, la Constitución Política del Estado señala que los medios de comunicación deben contribuir a los valores éticos, morales y cívicos de diferentes culturas del país. Por otra parte, el Código Niña, Niño, Adolescente (Capitulo IV) estipula que los medios deben difundir contenidos que promuevan los derechos integrales de la infancia. Y la Ley N° 223 para personas con discapacidad, manifiesta la importancia de la incorporación de interpretación de Lengua de Señas Boliviana en la programación televisiva para garantizar la inclusión.

En papel las leyes son sustantivas, el reto está en su aplicación, en este caso, en lo que consume nuestra niñez y adolescencia. A esta altura se pueden contar con los dedos programas que cumplen con estos mandatos. Por ejemplo, Muyuspa, con reportajes que hacen protagonistas a la niñez y los adolescentes, que se emite los domingos, o el tío Nico, que semanalmente logró conectar con las niñas y niños mediante su carisma. ¿Cumple la cuota? Puede decirse que “raspando”. Cabe decir que ambos programas son parte del canal estatal, porque en general parece que poco importa ofrecerles a las infancias historias nuevas que les permitan aprender, imaginar y, sobre todo, reconocerse.

Los vecinos no son iguales; en países como Argentina las políticas públicas de educación y comunicación derivaron en la creación de “Pakapaka”, un canal de televisión con programas pensados para niños que rescatan la historia, impulsan la investigación y todo mediante personajes argentinos. Entonces es posible imaginar que las infancias prendan la televisión y encuentren a alguien que hable como ellos, que se vea como ellos, que muestre las calles donde ellos transitan; a veces olvidamos lo crucial de la representatividad, y no solo en la política sino también en lo que nos muestra la televisión.

¿Es acaso imposible soñar con un programa en lengua de señas? ¿Con protagonistas quechuas y guaraníes enseñando acerca de alguna especie endémica de nuestro país? ¿Qué imaginarios colectivos estamos construyendo si solo encontramos noticieros llenos de violencia y muertes, shows refritos y novelas turcas? Parece que la infancia es invisible para los medios tradicionales bolivianos y termina representando una brecha. Porque mientras algunos pueden opinar que es tan fácil como alejar a los niños de las pantallas y dedicarse a jugar con ellos o buscar programas educativos en YouTube, para otras familia, la televisión es el único medio que tienen para consumir información, entretenimiento y aprendizaje. Negarles contenido de calidad es negarles un derecho. Mientras trato de recordar más nombres de programas para niñas y niños, solamente viene a mi cabeza una célebre escena de los Simpson, la única serie de “dibujitos” que hace años emitían sin falta todos los días: por favor, “que alguien piense en los niños”.

Karla Romina Galvez Palacios es comunicadora social

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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