Collage del desastre de Andavilque. Foto composición Yenny Escalante / Sumando Voces
“Salgan, salgan, que algo viene por la capilla”. Ese fue el grito de alerta que recibió por teléfono el esposo de Felicia Oporto Leyva la madrugada del 16 de marzo de 2025. Minutos después, una mazamorra descendía desde la laguna El Kenko y arrasaba parte de la comunidad de Andavilque, en el municipio de Llallagua, al norte de Potosí. Un año después de aquella tragedia, las familias afectadas siguen esperando la reposición de sus viviendas.
Al menos 15 familias que residían de forma permanente en el sector resultaron directamente damnificadas por el desastre. En total, entre 33 y 35 viviendas quedaron destruidas o sepultadas por el lodo que descendió desde la laguna, según relata a Sumando Voces la comunaria daminificada y defensora ambiental Felicia Oporto.
“Yo pensé que era agua”, recuerda Felicia, que esa madrugada dormía en su casa junto a sus nietos y su esposo. La llamada llegó cerca de las cuatro y media o cinco de la mañana. Su cuñado había escuchado un ruido extraño y alertó a la familia. Sin saber exactamente qué ocurría, salieron rápidamente de la vivienda.
“Más bien salimos, porque si no, con el golpe de la lama tal vez ya no estaríamos vivos”, cuenta.
Poco después, una masa espesa de lodo comenzó a invadir la comunidad. Las viviendas ubicadas en la parte baja fueron las más afectadas: varias desaparecieron por completo bajo la fuerza de la mazamorra.
En el caso de Felicia, la vivienda quedó parcialmente cubierta por la lama. El patio y el garaje se llenaron de lodo, mientras que otras construcciones del terreno quedaron destruidas. Además, perdió animales y pequeños cultivos que formaban parte del sustento familiar. “Teníamos gallinas, patos, conejos, sembradíos… todo se llevó la lama”, relata. Solo una gallina sobrevivió. “La tengo ahora en la casa. Nadie quiere comerla”, dice.
La tragedia también dejó víctimas humanas. Días después del desastre, los comunarios encontraron el cuerpo de un adulto mayor bajo los restos de su vivienda. “Lo encontraron en su cama, envueltito. La lama no le había hecho nada, pero la casa le cayó encima”, recuerda Oporto.

Otro vecino sobrevivió de forma casi milagrosa. Su casa estaba cerca de una cancha, en uno de los sectores más golpeados por la mazamorra. El hombre fue arrastrado por el lodo y hallado posteriormente en otro sector del poblado, cubierto de lama pero con vida. En las imágenes que circularon por las redes sociales, se observa al adulto mayor envuelto en una capa espesa y oscura, que en realidad son desechos químicos de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol).
Antes del desastre, en Andavilque existían entre 33 y 35 viviendas. Muchas pertenecían a familias que residían permanentemente en el lugar, mientras otras eran de comunarios que habían migrado por trabajo y regresaban los fines de semana o estaban reconstruyendo sus casas.
Hoy, un año después, varias familias siguen sin poder volver a vivir en sus hogares. Muchos damnificados se alojan con parientes o en pequeños cuartos donde comparten cocina, dormitorio y otros espacios básicos. “Estamos con niños en un solo cuarto. Ahí mismo cocinamos, ahí mismo dormimos”, explica Felicia, quien actualmente vive en la casa de un cuñado.
Los afectados aseguran que han solicitado a las autoridades y a la Comibol la reposición de las viviendas destruidas y la limpieza total de la zona afectada. Sin embargo, denuncian que los compromisos asumidos tras la tragedia aún no se han cumplido. La daminificada asegura que al lugar llegó personal de la Gobernación, de la Defensoría del Pueblo y de la Comibol, no obstante, hasta la fecha no se ha dado una solución a ese problema.
Según los pobladores, incluso los trabajos de limpieza han sido limitados. Parte de la lama retirada fue amontonada en el mismo sector y aún hay zonas donde el lodo impide regresar a vivir.
Mientras tanto, los damnificados deben continuar con trámites para demostrar que perdieron sus viviendas, lo que consideran injusto. “Nos piden documentos de Derechos Reales, que demostremos si tenemos casa en otro lado. Pero esto no es pedir ayuda, es reposición”, insiste Felicia.
A un año del desastre, las familias de Andavilque mantienen la misma demanda que plantearon desde el primer día: recuperar un lugar digno donde vivir. “Solo queremos que nos repongan nuestras casas”, dice la comunaria. “No tenemos dónde vivir”.
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