Del río a los estanques: cómo la piscicultura transformó la vida en Guarayos y le hizo frente a la minería y al agronegocio

Desarrollo

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Yenny Escalante

Producción piscícola. Fotos: Cortesía Jesús Ovando

Ante la contaminación de los ríos por la minería y la tala indiscriminada de bosques, la comunidad indígena de Yotay, en el municipio El Puente (provincia Guarayos, Santa Cruz), optó por una alternativa sostenible: criar peces. Desde 2011, cuando fundaron la Asociación de Piscicultores Curuvina, esta iniciativa no solo les permitió garantizar su alimentación, sino que también mejoró su economía, fortaleció la organización comunitaria e impulsó la igualdad de género.

Hoy, Curuvina produce y transforma pescado de manera artesanal e innovadora, logrando vender no solo filetes y tambaquí fresco, sino también hamburguesas, nuggets, milanesas, pizzas, caldo, gelatinas de escamas y colágeno. En un predio de dos hectáreas, con siete estanques, la asociación desarrolló toda la cadena de producción, desde la reproducción hasta la comercialización, formando lo que llaman su “escuelita piscícola”.

Ovando indica que tres años después de la creación de la Asociación, ingresó CIPCA en 2014 para apoyar con programas de Gestor Agroecológico y Gestor Empresarial. Y coadyuvó a conocer a otros espacios que ya trabajaban en la piscicultura.

“El tema de la piscicultura ha sido introducido y promovido en mi comunidad porque los ríos están contaminados por la minería, ya no hay la seguridad en comer un pescado de río y que éste sea sano, inocuo y aporte a la salud pública. A eso acompaña la deforestación y la tala indiscriminada de los árboles que han venido secando los ríos que sustentaban a la comunidad con la carne de pescado», cuenta Jesús Ovando Díaz, técnico productivo de la Asociación y uno de los impulsores del proyecto.

Gracias a la capacitación técnica y al uso de alimentos balanceados de calidad, lograron reducir el tiempo de producción de los peces de 10 a 6 meses, obteniendo ejemplares de hasta un kilo. El modelo que aplican es el policultivo, es decir, crían más de una especie (2 o 3) en el mismo estanque. Su producto principal es el tambaquí, pero también cultivan sábalo y tilapia. La aceptación del pescado ha crecido y parte del trabajo ha sido educativo: enseñar que incluso las especies con espinas pueden aprovecharse al máximo. En su última feria gastronómica, presentaron 18 platos distintos preparados con carne de pescado.

Ovando indica que la piscicultura es rentable y sostenible a partir de los tres estanques, menor de eso no hay tanta sostenibilidad. Además del impacto económico y alimentario, la piscicultura ha generado un cambio estructural en la comunidad. Mientras la ganadería requería una hectárea de pastura por vaca y tres o cuatro años de espera para obtener ganancias, un solo estanque puede producir hasta 10 toneladas de pescado en seis meses. “Imagínese el gran cambio que es: la ganadería versus la pisicultura”, afirma Jesús.

La asociación está conformada por 20 personas: 10 mujeres y 10 varones, todos con el mismo nivel de formación. “Aquí una compañera puede explicar lo mismo que un técnico. Nos hemos formado todos, sin diferencias”, subraya Jesús. La organización por áreas también es clave: hay quienes se dedican a la reproducción, otros a la comercialización y otros a la transformación.

El impacto del proyecto ha llegado incluso a las políticas públicas. Con el respaldo de otras organizaciones y productores privados, Curuvina impulsó la realización de tres cumbres piscícolas, lo que derivó en la promulgación de la Ley 218/2021 de Fomento a la Producción Piscícola en el Municipio El Puente. También lograron gestionar, a través del Fondo Indígena, la llegada de dos retroexcavadoras para ampliar la infraestructura productiva.

Aunque existen otras dos asociaciones piscícolas en la zona, Curuvina se diferencia por su cohesión interna. El nombre de la organización proviene de una anécdota: inicialmente querían llamarse “Corvina”, por el nombre de un pez muy sabroso, pero un error de pronunciación hizo que se registrara como “Curuvina”, y así se quedó.

A más de una década de su fundación, la Asociación Curuvina es reconocida como un referente nacional en piscicultura comunitaria, sostenible y con enfoque de género. En medio de una crisis ambiental que amenaza con empeorar, esta comunidad demostró que es posible reinventarse desde la tierra, el agua y los peces.

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