Sigamos trabajando en el turismo aprovechando el carnaval

Opinión

|

|

Carlos Hugo Molina

Estando cerca el carnaval, es un buen momento para insistir en el turismo como instrumento de desarrollo. Y aunque pareciera no asumimos de manera plena lo que ello significa y muchas de nuestras conductas no se conduelen con el objetivo que buscamos, será el debate y la persistencia quien nos ayudará con la consciencia.

No son buenas noticias los costos que tienen los pasajes aéreos internos que están en vigencia desde ayer y hemos visto que sigue a flor de piel el bloqueo de caminos; en los debates que se han producido como consecuencia de las medidas adoptadas por el gobierno, los argumentos que defienden el bloqueo como un último instrumento de resistencia, no aseguran que será fácil superar una conducta que destruye, así de sencillo, toda la construcción que estamos realizando. Podemos tener las virtudes más extraordinarias en nuestro territorio al mismo tiempo que desarrollar las capacidades para recibir visitantes, sin embargo, debemos tener claro que nadie querrá ser parte de las noticias internacionales que, para retornar, deberá hacerlo con un rescate de emergencia.

El asumir una posición crítica contra el bloqueo, nos obliga a fundamentar porqué asumimos una posición diferente que no significa una actitud contra la justicia de las demandas o una suerte de sometimiento al poder. La posición de quienes plantean el bloqueo como una opción social de protesta, desconoce el bien tutelado mayor que en este momento es recuperar la capacidad de plantear alternativas inteligentes contra el daño que nos estamos infringiendo, cuando lo que necesitamos es trabajo, producción y generación de excedente. Para hacer uso del «derecho al bloqueo», tendrían que existir acuerdos colectivos aceptados como parte de una conducta que no acepte la violencia como condición previa al «si no me escuchan…», situación que no ocurre. La sociedad boliviana es la que tiene en América Latina la mayor cantidad de manifestaciones de violencia colectiva: huelgas de hambre, crucifixiones, enterramientos, tapiamientos, costura de labios, flagelación, uso de la dinamita, el tinku hasta que se derrame sangre, siendo este el debate que debiéramos abrir para demandar que funcionen las instituciones.

El estudio que nos hizo llegar al turismo fue el encontrar un instrumento que conjuga autoestima, tolerancia, generación de excedente material y simbólico y, fundamentalmente, cohesión social, en una sociedad llevada al absurdo de la confrontación, la inquina y la violencia. Y para que funcione, debe tener una base material que estamos tratando de construir más allá del Estado. Las dificultades en torno a las injusticias existentes, el desconocimiento de la sostenibilidad ambiental, como el de la gobernabilidad, la violación del Estado de derecho y los derechos humanos, forman parte de la agenda imprescindible de resolver que, como el maná bíblico o la lluvia de café de Juan Luís Guerra, son metáforas que deben resolverse con una voluntad cotidiana de trabajo digno que supere, como en muchas sociedades en el continente, la violencia como práctica cotidiana.

Reconociendo que la violencia como pulsión de legítima defensa y de sobrevivencia de las especies, forman parte de las condiciones humanas, tenemos que trabajar, también, incorporar la solución pacífica de las controversias. Cuando vemos el fenómeno de manera integral, como sociedad debemos aceptar que tenemos manifestaciones y prácticas violentas cotidianas que necesitamos modificar. Y otra vez, la observación a la violencia social no tiene que ver con la justicia de la demanda. Bolivia es el Estado del sistema interamericano con la mayor cantidad de leyes contra la violencia precisamente por las conductas existentes, llevando el raro mérito de ser primeros en feminicidios, agresiones intrafamiliares, violaciones a menores, conductas que alimentan comportamientos sociales de la misma naturaleza.

Sin desconocer el itinerario de rebeldía y espíritu de justicia de nuestra sociedad para alcanzar niveles de convivencia democrática, creo que podemos abrir un espacio que parta del objetivo de alcanzar cohesión social y tolerancia como instrumentos para construir la Paz que tanto necesitamos. Un acuerdo que priorice la solución de las diferencias mediante otras prácticas, en un momento como este, puede permitir que se ponga en funcionamiento la empresa colectiva más valiosa que es la de utilizar nuestra calidad humana, nuestra cultura y nuestra geografía, para generar economía colectiva en todo el territorio nacional.

Voy a proponer un ejercicio de legítimo interés nacional. ¿Sabemos cuánto mueve en economía, cultura, gastronomía, cohesión social y turismo el carnaval, en casacas, arreglo de carros, bandas musicales, comida y bebida…? ¿Existen números sobre el fastuoso carnaval de Oruro, el jueves de Comadre de Tarija, los 300.000 comparseros de Santa Cruz, los pepinos de La Paz, el Corso de Corsos de Cochabamba, y así sucesivamente..?

Carlos Hugo Molina es director de innovación del CEPAD

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

Comparte:

Noticias

más leídas

Cacique atacado por presuntos avasalladores en San José de Chiquitos aguarda una segunda cirugía

La paridad y alternancia no es un privilegio, es un derecho que se debe trabajar

Bolivia saneó el 94% de su tierra, pero el ejercicio efectivo de los derechos territoriales sigue en disputa, según Fundación Tierra

Justicia rechaza acción popular contra decreto que habilita a Paz a gobernar desde el exterior

Lara amenaza con juicio a Paz por gobernar desde el extranjero una vez que termine su mandato

Justicia sin valores: la crisis ética del sistema judicial en Bolivia

Educación: Una niña, la naturaleza y una lección para el mundo

La paridad y alternancia no es un privilegio, es un derecho que se debe trabajar