Rolando Mendoza
A través de redes, he asistido con gran entusiasmo al último foro auspiciado por la prestigiosa Academia de Ciencias Económicas de Bolivia, donde participaron representantes de los diversos frentes políticos que competirán en las próximas elecciones de agosto. Mi esperanza era encontrar un diálogo con propuestas que trascendiera las habituales recetas macroeconómicas, en las que casi todos coinciden –como la reducción del déficit fiscal y la necesidad de apoyo internacional–, para escuchar propuestas innovadoras sobre la economía real, más allá del extractivismo centenario.
Sin embargo, la realidad de estos foros me ha revelado una decepción persistente. Las intervenciones se centraron de manera casi unánime en los supuestos beneficios de la explotación del oro, gas, el litio y otros minerales. Para mí, estas propuestas son irracionales, inherentemente contaminantes y, fundamentalmente, ligadas a un modelo extractivista del pasado que ha perpetuado la pobreza en nuestro país. Parecen ignorar la urgente necesidad de una visión económica genuinamente innovadora para Bolivia.
La ceguera ante el potencial sostenible de Bolivia
Es sorprendente cómo la discusión económica en Bolivia parece estancada en paradigmas obsoletos. La insistencia en los beneficios del extractivismo, a pesar de su conocido y dramático impacto ambiental y social negativo, contrasta drásticamente con el inmenso y democrático potencial del turismo sostenible. La visión de algunos economistas respetados, quienes afirman que «cuidar la naturaleza es como cuidar un jarrón chino, no genera nada» (Foro de Jubileo – Hotel Stannum – Noviembre 2024), resume y revela una profunda desconexión con las realidades económicas globales y el valor intrínseco de nuestros recursos naturales y culturales.
La experiencia de naciones como Costa Rica, que genera 5.000 millones de dólares anuales gracias a un modelo de negocio basado precisamente en el cuidado y la valorización de su naturaleza, debería servir como un contraejemplo contundente y una fuente de inspiración. La publicación reciente del Banco Mundial (1) sobre Costa Rica, Cabo Verde y Samoa refuerza esta visión, destacando cómo estas naciones han incrementado significativamente sus ingresos gracias a la industria turística. Cabo Verde, por ejemplo, experimentó un impresionante crecimiento económico del 16.5% en 2024 impulsado principalmente por el turismo, según la misma publicación.
Otro mito que necesita ser desmantelado es la percepción, expresada por respetados economistas, de que el turismo requiere una vasta infraestructura previa para ser viable. Como se ha demostrado repetidamente, la secuencia natural para el éxito turístico es la opuesta: primero se capitalizan los atractivos inherentes (que Bolivia posee en abundancia inigualable), luego se mejoran los servicios, y solo entonces se desarrolla la infraestructura necesaria, que debiera estar vinculada al nuevo modelo previa decisión de cambio.
Antes de la pandemia, Bolivia ya recibía cerca de 1.000 millones de dólares anuales por turismo, distribuidos equitativamente por todo el territorio. Esto demuestra un potencial latente y una capacidad de generar riqueza inclusiva, incluso con las limitaciones actuales.
La reticencia a adoptar un cambio de modelo a menudo es producto de la desinformación o la falta de conocimiento sobre el vasto patrimonio natural y cultural de nuestro país. Recuerdo una conversación con un amigo economista, al que respeto muchísimo. Después de negar la posibilidad del turismo como vía de desarrollo, le pregunté si conocía el Salar de Uyuni (el salar más grande del mundo), Madidi (el lugar más biodiverso del planeta, aquí cerquita en el norte de La Paz), o Toro Toro (destino de nivel mundial por su valor paleontológico y geológico). Su respuesta negativa me hizo ver la profunda desconexión entre la teoría económica y la práctica de nuestras realidades geográficas y culturales. En su desconocimiento estaba, tristemente, la raíz de su resistencia a un cambio de paradigma.
Estudios serios, como los realizados por SDSN y Lykke Andersen PhD, han ratificado que, al eliminar las trabas burocráticas y políticas erróneas impuestas en los últimos 20 años, Bolivia podría generar 3.000 millones de dólares y 300.000 empleos a través del turismo, con un ritmo de crecimiento del 10%, superando en mucho a los sectores extractivistas.
Es hora de un verdadero punto de inflexión
Si, como lo revela el informe del Banco Mundial, naciones como Costa Rica, Cabo Verde y Samoa, con un potencial considerablemente menor que Bolivia en términos de diversidad natural y cultural, han logrado tales éxitos en el turismo, ¿qué nos impide a los bolivianos entender y replicar este camino? Bolivia posee un potencial para el turismo de naturaleza diez veces mayor y para el turismo cultural cien veces mayor que muchos de estos ejemplos. Tenemos una riqueza inigualable en biodiversidad, paisajes impresionantes, y una herencia cultural vibrante y milenaria. Sin embargo, seguimos aferrados a sectores extractivistas centenarios que, en lugar de generar prosperidad generalizada, solo reproducen y profundizan la pobreza, la desigualdad y sobre todo la desesperanza.
Es hora de un verdadero punto de inflexión, no solo en la política, sino en una 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼́𝗺𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝗕𝗼𝗹𝗶𝘃𝗶𝗮. Necesitamos abrazar el turismo sostenible no solo como una alternativa, sino como un pilar central de nuestro desarrollo económico futuro. Esto implica un compromiso firme con la protección de nuestro medio ambiente y nuestras culturas, nuestras ventajas comparativas, la inversión estratégica en la calidad de los servicios y una infraestructura que respete nuestro patrimonio, y la educación de una nueva generación de economistas que vean más allá de los recursos agotables. El turismo sostenible ofrece un camino hacia una prosperidad más inclusiva, equitativa y duradera, distribuyendo beneficios por todo el territorio y creando empleos dignos para miles de bolivianos. Dejemos atrás el extractivismo del pasado y abracemos el futuro sostenible que nos espera.
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Rolando Mendoza es economista e impulsor del turismo sostenible / Director Creativo de Colibrí Camping y Eco Lodge en La Paz / Integrante del Directorio de la Cámara Hotelera de La Paz y la Mesa Ejecutiva de Turismo.
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