Propósito de un nuevo pedido del papa León XIV

Opinión

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Carlos Derpic

El pasado domingo 15 de marzo, el papa León XIV hizo un nuevo llamamiento por la paz en Medio Oriente: «Sigamos rezando por la paz en Irán y en todo Medio Oriente, en particular por las numerosas víctimas civiles, entre las que se encuentran muchos niños inocentes. Que nuestra oración sea un consuelo para quienes sufren y una semilla de esperanza para el futuro». Dijo también que hace dos semanas, las personas de esta región del mundo “sufren la atroz violencia de la guerra”, con miles de inocentes asesinados y muchos otros obligados a abandonar sus hogares, expresando su solidaridad con quienes han perdido familiares en ataques que han golpeado escuelas, hospitales y zonas residenciales.

Por otro lado, León XIV manifestó su gran preocupación por la situación en Líbano, país al que viajó en diciembre pasado durante su primer viaje internacional, en el cual, la semana pasada, un sacerdote maronita murió tras ser alcanzado por un proyectil durante un bombardeo en ese país.

El sacerdote asesinado era el padre Pierre el Raii, de 50 años, gravemente herido mientras prestaba socorro a la gente del pueblo de Qlayaa y fallecido poco después de llegar al hospital, donde había sido trasladado. “El padre Pierre fue un verdadero pastor, que siempre permaneció junto a su pueblo con el amor y el sacrificio de Jesús, el Buen Pastor. Tan pronto como se enteró de que algunos feligreses habían resultado heridos por un bombardeo, corrió sin dudarlo a ayudarlos. El Señor quiera que su sangre derramada sea semilla de paz para el amado Líbano”, dijo el pontífice.

Los autores de este nuevo momento de angustia, no solo para el papa León sino para muchas personas en el mundo, además de las que se encuentran directamente afectadas por el conflicto, son —una vez más— los desalmados Trump y Netanyahu, que intentan aprovechar diferentes situaciones para dar paso a su paranoia y a su afán de dominación, a costa de lo que sea.

Ya se los ha visto actuando, impunes y ufanos, en el genocidio del pueblo palestino en Gaza, lugar en el cual no solo han arrasado con cuanta edificación había, para crear en él un “resort” que beneficiará, inicialmente, a empresas norteamericanas que se harán cargo de la “reconstrucción” de la franja, y luego a magnates probablemente depravados como los que formaron parte del “Club de Esptein”, que encontrarán ahí un nuevo lugar de “ocio y diversión”, sino que han desarrollado acciones destinadas a borrar de la faz de la tierra al pueblo palestino. Intentarán edificar su resort su encima de la sangre de miles de gazatíes, muchos de ellos niños inocentes que, según la opinión de los desalmados, no deben vivir porque son los “terroristas del futuro”. Matar palestinos es, lo han confesado varios sionistas, una diversión para soldados y mercenarios seguidores de Netanyahu.

En Cisjordania, el otro lugar en que habita el pueblo palestino, colonos sionistas, muchos de ellos jóvenes, continúan con sus tareas de “limpieza étnica” y de robo de propiedades de palestinos y palestinas que poco o nada pueden hacer. El diario El País ha denunciado que el fin de semana pasado, casi la totalidad de una familia fue asesinada por soldados sionistas. Los sobrevivientes, Jaled Bani Odeh, de 11 años, y Mustafa, de ocho, contaron que, luego de la matanza, los asesinos se burlaron de ellos y les obligaron a ver a sus familiares muertos. Volvían de comprar ropa.

Ahora el centro de operaciones de los desalmados es Irán, país en el cual se ha instalado, desde hace más de cuarenta años, una teocracia que no respeta los derechos humanos, particularmente de las mujeres. No es que a Trump y Netanyahu les interese la suerte de las mujeres. No. Se trata del control del petróleo y de convertir a Israel en potencia indiscutida de la zona. Para ello, no basta bombardear Teherán u otras ciudades iraníes, sino también Líbano, con el pretexto de acabar con el grupo terrorista Hezbolá. Además, como lo ha confesado Trump, lo hace por diversión.

El régimen iraní, al tiempo que está respondiendo a la agresión, continúa reprimiendo con brutalidad a su población, a la que hace poco tiempo masacró inmisericordemente en un número de 30.000. Detenciones de supuestos traidores y espías, tortura y asesinato, siguen marcando firmemente el paso de la teocracia.

Lo último: Trump hará con Cuba lo que le plazca y ya ha propuesto que Venezuela sea un nuevo estado de Estados Unidos.

Mal anda el mundo, no solo por los desquiciados que tienen el poder en sus manos, sino por la indiferencia y la indolencia de muchos. A la población le preocupa más la suspensión de la “Finalissima” entre España y Argentina, que la vida, seguridad e integridad física, psíquica y espiritual de millones de hermanos nuestros que están pasando las de Caín en varios lugares del mundo, como los nombrados y como Sudán y el Congo.

Felizmente hay voces como la de León XIV, que nos muestran que no todo está perdido; que, en medio de la irracionalidad, el embrutecimiento colectivo y la falta de solidaridad, podemos todavía esperar mejores días para el mundo y para nuestros países. La guerra, pues, no puede ser humanizada, debe ser cancelada, como lo dijeron Bertrand Russell y a Albert Einstein en su manifiesto del 9 de julio de 1955.

Que las palabras del papa León XIV nos iluminen para acabar con la barbarie que impera hoy.

Carlos Derpic es abogado

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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