Competir por protección: la trampa de la escasez moralizada

Opinión

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Daniela Leytón Michovich

Columna de Daniela Leytón

Los diseñadores gráficos y artistas visuales tienen la capacidad de sintetizar nuestras angustias colectivas en una sola imagen. Recuerdo una viñeta en la que se veía a una multitud diversa intentando mantenerse dentro de una urna electoral rumbo a las elecciones subnacionales. La escena, lejos de hablar de una fiesta democrática, nos gritaba un sentido de urgencia.

Esta avalancha de candidaturas no responde necesariamente a un afán de pluralismo. Por un lado, refleja la necesidad de recuperar capital político, simbólico e imagen pública marginados o desplazados durante la hegemonía del MAS, casi como una reivindicación pendiente. También expresa algo más estructural: un país golpeado económicamente que encuentra en la función pública un nodo de protección, un salvavidas en medio de la incertidumbre, en un contexto donde el patrimonialismo aún es una práctica persistente en la cultura política.

Durante los años de bonanza económica, varias instancias subnacionales se convirtieron en espacios de control político. La burocratización excesiva, la exclusión de iniciativas por razones partidarias, la persecusión política y el uso discrecional de recursos consolidaron una lógica de dependencia y detonaron la censura de la población. A esto se sumó la falta de proyección para la activación económica local y nacional, lo que profundizó la idea de que la función pública es la principal —y a veces única— fuente de estabilidad laboral.

Las nuevas autoridades enfrentarán el desafío de administrar no solo la escasez económica y la debilidad institucional, sino también el reajuste de expectativas ciudadanas que al ver el limitado alcance en la gestión de lo público puede en su frustración disparar la conflictividad.

Por otro lado, en un escenario de lo que identifico como economía moral de la escasez, donde se espera que la autoridad actúe como protectora, la expectativa se convierte en fuente de legitimidad, también en un mecanismo de reorganización de lealtades y un dispositivo de desenganche moral conveniente.

En consecuencia, la población votará bajo un horizonte de futuro reducido que va a privilegiar la protección inmediata, por lo tanto estaremos frente a un voto defensivo con efectos lesivos a la institucionalidad democrática.

Daniela Leytón Michovich es psicóloga política y cientista social.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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