Productor bananero muestra la calidad de su cultivo en una parcela de Alto Beni, vecino a Palos Blancos. Foto: ANA
En esta comunidad rodeada de cultivos y atravesada por ríos, la defensa del territorio no es un discurso: es una forma de vida. En Covendo, municipio de Palos Blancos, más de 70 familias han decidido mantenerse firmes frente al avance de la minería y proteger la tierra que les da alimento.
Jazmín Eliana Goyzueta Moye, de 28 años, lo explica con claridad: “Aquí defendemos la tierra”. En su comunidad, la producción de cacao, plátano, cítricos y yuca sostiene a las familias, mientras la pesca forma parte de la vida cotidiana. “De eso vivimos”, dice, convencida de que ese equilibrio no puede ponerse en riesgo.
Covendo forma parte de un municipio que en 2021 se declaró libre de minería. La medida fue resultado de la presión y organización de las comunidades, que ven en la actividad extractiva una amenaza para sus ríos, su salud y su economía.
Esa decisión se mantiene, aunque no sin tensiones. En zonas cercanas, como Colorado e Ipiri, existen indicios de minería ilegal, lo que obliga a los comunarios a mantenerse vigilantes. “Nuestras autoridades están tratando de frenar”, señala Goyzueta , quien reconoce que el desafío es constante.
La defensa del territorio, sin embargo, no se limita a una norma. En Covendo se expresa en la vida diaria: en la siembra, en la cosecha y en el cuidado del agua. La comunidad crece —podría superar ya las 100 familias— y con ella la necesidad de preservar los recursos que sostienen a las nuevas generaciones.
Para Goyzueta, la decisión es colectiva y tiene un horizonte claro. “¿Qué vamos a dejar a nuestros hijos y nietos?”, se pregunta. La respuesta, en Covendo, se construye todos los días: una comunidad que apuesta por la tierra, por su producción y por un futuro sin minería.
Capacitación
Frente al escenario de la fiebre de la minería, Goyzueta decidió participar en un taller de formación ambiental organizada por SEMTA, en La Paz, para fortalecer sus herramientas de defensa. La joven dice que quiere llevar todo lo aprendido a su comunidad, socializarlo y hacer entender a toda la gente que la minería tiene que frenar.
El espacio también le permitió reflexionar sobre el rol de las mujeres en la protección del territorio. “Antes solo los hombres podían opinar, pero ahora también tenemos derecho. Y somos nosotras quienes más cuidamos el medio ambiente”, afirma.
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