Bolivia: un municipio de la Amazonía decide eliminar un área protegida amenazada por la tala y la minería ilegal

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El lugar exacto donde los ríos Madre de Dios y Manupare se juntan. Esta belleza natural está dentro del área protegida. Foto: cortesía Revista Nómadas

Por Mongabay Latam

Fue creada en enero de 2024 y antes de que se cumplieran los tres años fue anulada. Esa es la historia del Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) Gran Manupare, un área municipal protegida del departamento amazónico de Pando que dejó de existir luego de que la promulgación de una ley local ordenará la abrogación de la norma que la creó.

La alcaldesa de Sena, Rosmery Molina, dijo que tomó esa decisión en respuesta a las presiones de un grupo de comuneros que pedían la titulación de tierras y la autorización de diversas actividades económicas dentro del santuario natural, como el chaqueo, la pesca, la caza y el aprovechamiento forestal. La versión de la funcionaria fue compartida a Mongabay Latam por el área de comunicaciones de la Alcaldía de Sena.

“Esta ley (de creación del área protegida) fue creada sin consenso de las comunidades que habitan el área natural. No se hizo la consulta previa en el municipio de Sena. Se cuestionó que los habitantes fueron utilizados para la validación de actas de consultas en las que ellos no participaron. Las comunidades encontraron que no pueden ser tituladas por el INRA, por lo tanto, estoy derogando esta ley”, afirmó Molina.

El puerto de la comunidad El Carmen en plena área protegida del Gran Manupare. Foto: Cortesía Revista Nómadas.

El puerto de la comunidad El Carmen en plena área protegida del Gran Manupare. Foto: cortesía Revista Nómadas.

Sin embargo, Jaime Aguirre, exalcalde de Sena y que en su gestión se creó el Gran Manupare, afirmó a Mongabay Latam que se realizó el proceso de consulta a «todas las comunidades» y que dejó ese trabajo documentado cuando dejó el sillón municipal, al inicio de este año.

«Se hizo todo de acuerdo a protocolo, como consultas y talleres, todo lo que se tiene que hacer para crear un área protegida. Se hicieron todas las consultas y todo ese trabajo está documentado», dijo Aguirre, quien reveló que ahora son tres comunidades campesinas que están en contra conservar la categoría de área protegida.

Expertos consultados como Marcos Uzquiano, presidente de la Asociación Boliviana de Guardaparques y Agentes de Conservación (ABOLAC), criticaron la decisión, pues sostiene que la categoría de ANMI que se le otorgó al área protegida fue, precisamente, para permitir el desarrollo de actividades de las comunidades asentadas dentro de la reserva.

“Hay al interior de la reserva comunidades, y al ser un AMNI, tienen reconocidos sus derechos de uso tradicional para su propio consumo, como la pesca, incluso la caza de animales silvestres o el aprovechamiento de recursos naturales. Yo creo que hay falta de información por parte de las autoridades locales y hasta puede haber intereses económicos”, detalló Uzquiano.

Un punto importante a considerar es que el área Gran Manupare está expuesta, desde su creación, a las amenazas de la tala ilegal y la minería aluvial que opera en el río Madre de Dios. De hecho, existen varias denuncias por la extracción ilegal de oro por parte de los comuneros de la zona, que llevan una década tratando de frenar el ingreso de los mineros.

Manuel Rodríguez, uno de los comuneros del Gran Manupare, explicó en mayo de 2024 a Revista Nómadas que las amenazas de la reserva son la deforestación y la minería. “Necesitamos políticas y programas que promuevan la conservación y el desarrollo sostenible”, afirmó en esa ocasión.

La decisión tomada preocupa a expertos y organizaciones ambientales, sobre todo porque se trata de una de las áreas protegidas municipales más grandes y más biodiversas de Bolivia. Tiene una extensión de 452 639 hectáreas, medida que equivale 30 veces la mancha urbana de la ciudad de La Paz.

Las embarcaciones son el único medio de transporte de los indígenas y campesinos que habitan el Gran Manupare. Foto: Cortesía Revista Nómadas.

Las embarcaciones son el único medio de transporte de los indígenas y campesinos que habitan el Gran Manupare. Foto: cortesía Revista Nómadas.

El estudio que sustentó su creación -elaborado por la Alcaldía de Sena, el Centro de Investigación del Campesinado (CIPCA) y el equipo técnico de Conservación Internacional Bolivia– indica que el 97 % de sus bosques son de media y de alta integridad, resguardando 9.2 millones de toneladas de carbono irrecuperable.

Además, en este estudio se muestra que en el área se encuentran 538 especies de plantas, 92 especies de mamíferos, 501 aves, 77 reptiles, 83 anfibios y 112 especies de peces. “La rica biodiversidad de esta nueva área se destaca con la presencia de la Londra (Pteronura brasiliensis) y el árbol de mara (Swietenia macrophylla), ambas especies declaradas en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza”.

También es un refugio de especies amenazadas como el jaguar (Panthera onca) y un pilar esencial en el mosaico de conservación que conecta con la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, en el departamento de Pando, y el Área Municipal de Conservación y Manejo del Bajo Madidi, en el departamento de La Paz.

En el documento se destaca que al interior del Gran Manupare, además, habitan 56 comunidades del municipio de Sena, de las cuales diez son indígenas.

Una categoría amigable con la conservación

El Gran Manupare se creó como un Área Natural de Manejo Integrado (AMNI), que es una categoría de área protegida en Bolivia que busca compatibilizar la conservación de la biodiversidad con el desarrollo sostenible y las actividades tradicionales de las poblaciones locales.

Miguel Vargas, abogado e investigador especializado en la problemática indígena de las tierras bajas de Bolivia, además de exdirector del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), explica que es importante que en el proceso de creación de un área protegida se tome en cuenta la voz de las comunidades indígenas, precisamente para evitar conflictos como el actual.

“La definición de áreas núcleo o zonas de amortiguamiento tienen que partir de un diálogo entre los estudios ambientales y ecológicos con las prácticas de las comunidades”, explicó Vargas a Mongabay Latam. Y añadió que “la conservación subnacional no debe perder de vista a las comunidades locales, pueblos indígenas y/o campesinas”.

El imponente río Manupare parece una serpiente que recorre por varios puntos del área protegida. Foto: Cortesía Revista Nómadas.

El imponente río Manupare parece una serpiente que recorre por varios puntos del área protegida. Foto: cortesía Revista Nómadas.

Para lograr la categoría de ANMI, se debe elaborar un estudio de justificación técnica detallado, generalmente financiado por el gobierno local o con el apoyo de organizaciones científicas y de conservación. Ese estudio debe demostrar valores de biodiversidad, como la presencia de ecorregiones únicas, fuentes de agua, bosques reguladores del clima o especies de flora y fauna amenazadas. Además, se incluye el proceso de consulta previa, libre e informada a las comunidades que habitan dentro de la reserva.

El reglamento del Órgano Electoral Plurinacional (OEP) indica que se debe llegar a un consenso entre los comuneros tras un proceso de socialización de beneficios e información entregada. En el caso del Gran Manurape, aunque la consulta previa fue aplicada, la alcaldesa Molina sostiene que no todas las comunidades fueron consideradas y que por eso tomó la decisión de anular la creación del área protegida.

Según datos de Conservación Internacional Bolivia, la economía principal de las 56 comunidades que viven dentro del área protegida se basa en trabajos en el bosque como la recolección de castaña, la producción de asaí y la pesca. Todas estas actividades, de acuerdo a la norma, son compatibles con la categoría de ANMI.

El Gran Manupare parecía un ejemplo de colaboración y esfuerzo comunitario. Cuando fue creado había voces a favor del área protegida. Hoy es todo lo contrario. Carolina Giese, senadora boliviana que representa a Pando, expresó su sorpresa por la decisión del municipio de Sena. La legisladora, en contacto con Mongabay Latam, calificó la abrogación del área protegida como un tema “netamente político” y cuestionó el desconocimiento de la categoría de AMNI por parte de las autoridades locales.

Las casas rústicas en las comunidades indígenas y campesinas de la reserva. Hay 42 comunidades dentro del Gran Manupare. Foto: Cortesía Revista Nómadas.

Las casas rústicas en las comunidades indígenas y campesinas de la reserva. Hay 42 comunidades dentro del Gran Manupare. Foto: Cortesía Revista Nómadas.

Pedido de información

“Algunas personas me estaban diciendo que empezaron a entrar más en el tema de minería [en el Gran Manupare]; entonces, me dijeron que una vez que se revocó la creación del área protegida, empezaron a otorgar licencias [para operar minería]. Obviamente, los campesinos y la gente de las comunidades muchas veces no conocen estos temas, pero ya tengo bastante información respecto a lo que es”, afirmó Giese.

La senadora añadió que presentó una Petición de Informe Escrito (PIE) para la alcaldesa Rosmery Molina con el fin de conocer sus argumentos de manera oficial. En Bolivia, el PIE es un mecanismo de fiscalización legislativa que utilizan los legisladores para solicitar información oficial, documentación o reportes. Molina tiene 15 días hábiles para responder al pedido de Giese, que fue presentado el 14 de octubre.

“Hablamos de proteger la Amazonía, de conservarla; sin embargo, nadie dijo nada de lo que pasa con el Gran Manupare. Entonces, es dar un paso atrás en todo el tema de conservación, y más que nada, en uno de los departamentos más diversos que tenemos en Bolivia [como es Pando]. Si queremos captar créditos de biodiversidad, lo que pasó es un paso atrás a todo lo que se ha avanzado”, lamentó Giese.

El ingreso de minería al Gran Manupare, como lo dijo la senadora Geise, es ratificado por Alfredo Zaconeta, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), quien afirmó a Mongabay Latam que la minería ilegal de oro se extendió a los ríos de Pando, incluido el Madre de Dios, que es el principal afluente que pasa por el Gran Manupare. El experto dijo que ese río “está prácticamente concesionado en toda su extensión”, incluido la parte que pasa por la reserva.

Además, Zaconeta reveló que existen denuncias de actividades ilegales mineras en el río Manupare, que también es un afluente de la reserva.

El puerto de la comunidad El Sena dentro del área protegida El Gran Manupare. Foto: Cortesía Revista Nómadas.

El puerto de la comunidad Sena dentro del área protegida El Gran Manupare. Los ríos en la reserva sufren por la minería ilegal. Foto: cortesía Revista Nómadas.

Por su parte, Uzquiano, de la Asociación Boliviana de Guardaparques y Agentes de Conservación, afirmó a Mongabay Latam que en el caso de titulación de tierras en el Gran Manupare no debería ser un problema en caso de que se hayan realizado las gestiones antes de la creación de la reserva –que fue en enero de 2024- y que por la categoría de AMNI los comuneros pueden realizar actividades económicas de manera sostenible.

En la misma línea Vargas destacó la importancia de las AMNI en Bolivia, que a diferencia de un parque nacional estricto, permite el aprovechamiento regulado y tradicional de recursos naturales. Sin embargo, insistió en que la gestión involucra a comunidades indígenas, campesinas y organizaciones locales, que luego de la creación del AMNI crean comités de gestión para hacer vigilancia a las metas establecidas en el proceso de creación de la reserva.

Para Uzquiano hay varios casos exitosos de ANMI en Bolivia. Menciona el Parque Nacional y AMNI Amboró, que está en el departamento de Santa Cruz, al oeste de Bolivia. En esa reserva de carácter nacional, explica, existe un aprovechamiento por parte de los comuneros al interior del área protegida, como la ganadería responsable. Hay otros ejemplos de AMNI, continúa, como el del Aguaragüe, en el departamento de Tarija; el de San Matías, en Santa Cruz o el de Apolobamba, en el departamento de La Paz.

El Gran Manupare era una de las áreas protegidas más nuevas en Bolivia y una de las más biodiversas. La califican como una joya ecológica que reunía esfuerzos locales por conservar la biodiversidad de la región. Por ahora, todo ese trabajo de conservación quedó en nada.

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