Otro mundo es posible

Opinión

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Carlos Derpic

Dice Leonardo Boff (“Virtudes para un mundo posible”, T. I), que estamos viviendo la “era de hierro de la globalización”, caracterizada por la lógica de la competitividad mercantilista sin límites, sin rastro alguno de cooperación y solidaridad, lo que le confiere unos rasgos de cruel impiedad. Manifiesta que la globalización imperante excluye a cerca de la mitad de la humanidad, chupa la sangre de las economías de los países débiles y atrasados, condena cruelmente a millones de seres humanos al hambre y la inanición, y supone tales costes ecológicos que pone en peligro la biosfera, habida cuenta de la contaminación de los aires, el envenenamiento de los suelos, la polución de las aguas y la quimicalización de los alimentos. Afirma: “Nadie pone freno a su voracidad tiranosáurica ni siquiera frente a la posibilidad real de que se haga inviable el proyecto planetario humano. Prefiere el riesgo de morir que la reducción de sus beneficios materiales. Lo ha denunciado con toda claridad el genetista francés Albert Jacquard: ‘La finalidad de una sociedad es el intercambio. Una sociedad cuyo motor es la competitividad es una sociedad que me propone el suicidio. Si entro en competición con el otro, no puedo intercambiar con él; debo eliminarlo, destruirlo’” (2004).

Pese a este panorama complicado, es necesario reconocer que esta edad de hierro de la globalización es un aporte indispensable a la globalización entendida en un sentido más amplio, pues creó, por ejemplo, las condiciones infraestructurales y materiales para las otras formas de globalización: proyectó las grandes “avenidas de la comunicación” global, construyó la red de trueques comerciales y financieros e incentivó el intercambio entre todos los pueblos, continentes y naciones.

Ahora bien, en el pensamiento de Boff, una vez establecida la globalización material, la globalización humana debe reapropiarse de los beneficios de aquella en un marco más amplio e incluyente y tratar de hacerse hegemónica, siendo que la globalización humana se debe procesar a la vez en distintos frentes: antropología, política, ética y espiritualidad.

Por último, señala que está irrumpiendo la era ecológica de la globalización, caracterizada por un nuevo acuerdo de respeto, veneración y mutua colaboración entre la Tierra y la humanidad.

Veamos los signos de los tiempos que dan cuenta del surgimiento de esa nueva era.

Los estudiantes franceses se han volcado por miles a las calles de varias ciudades como Paris y Nantes, exigiendo varias reivindicaciones. La movilización comenzó el 17 de septiembre en Créteil, en la periferia de París, y luego se extendió a otras ciudades. Aunque las acciones interrumpieron las clases en numerosos centros, los estudiantes no protestan contra una norma puntual: cuestionan la falta de recursos y las dificultades cotidianas que enfrentan en la enseñanza pública. “Educación para todos, no solo para unos cuantos”, podría resumir los móviles de la protesta, que continua día a día. El diario Infobae da cuenta de que los estudiantes están frustrados por la infraestructura deteriorada, las aulas abarrotadas, los horarios sobrecargados, la escasez de maestros y personal, y las escuelas con fondos insuficientes.

Si clamamos a diario que es vital para cualquier país contar con una buena educación, ¿no es que las movilizaciones estudiantiles en Francia van en esa línea?

Otro signo: el pasado 9 de octubre, la jurista sudafricana Navi Pillay ha sido galardonada con el premio nobel de la paz. Según dan cuenta diarios respetables como BBC Mundo y El País de España, se trata de una profesional que ha dedicado su vida a luchar con los genocidios. El segundo de los diarios nombrados subtitula la nota: “La jurista sudafricana ha trabajado durante seis décadas en causas abiertas por las atrocidades en Gaza, Ruanda, Darfur y Myanmar”.

Naturalmente, elección de Pillay motivó la reacción iracunda de quien se cree dueño del mundo y de su aliado, el genocida Netanyahu. El primero impuso sanciones desmedidas en contra de la Corte Penal Internacional, de la cual fue parte Pillay y amenazó con continuar adoptando medidas para extinguirla.

Pero, no es solo en el nivel internacional y con acciones más o menos notorias que se va construyendo el nuevo mundo. En La Paz, estudiantes sirvieron un almuerzo solidario a personas de escasos recursos; otros llevaron comida gratis a familias en el hospital de niños; REMAR La Paz abrió las puertas del Comedor Solidario Benéfico El Castillo a una iniciativa de educación nutricional, destinada a enseñar a los niños y niñas la importancia de adquirir buenos hábitos alimentarios desde edades tempranas. Todo esto sin bombos ni platillos como suelen hacer, por ejemplo, políticos en campaña.

Así, de a poco, va surgiendo un nuevo mundo en el cual las virtudes de la hospitalidad, la convivencia, el respeto, la tolerancia y la comensalidad, se abren paso en medio del egoísmo y de los dioses dinero y libre mercado.

Es el surgimiento, lento pero a la vez firme y seguro de la noosfera, luego de la litosfera y la biosfera, tal cual las describió el gran Teilhard de Chardin en “El fenómeno humano”. La tercera etapa (noosfera) será aquella esfera en la que las mentes y los corazones entrarán en una nueva sintonía caracterizada por la amorización, la solicitud, la mutualidad entre todos y la espiritualidad de las intencionalidades colectivas. Estas se coordinarían para garantizar la paz, la integridad de la creación y el sustrato material suficiente y hasta abundante para toda la comunidad de vida.

¡A no desanimarse!

Carlos Derpic es abogado.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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