Nostalgia de la risa

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Sonia Montaño V.

«No vengo a hablar de los fundamentalistas. Vengo a hablar de la risa. Porque reír es admitir que existen otras maneras de pensar, de ver el mundo, de vivir y, por supuesto, de REIRSE. Reír es dudar, reír es preguntar, por eso el humor es tan antitotalitario y esa capacidad de reír a carcajadas desafía a cualquier fanatismo. La risa es subversiva, porque es antidogmática”. Así comenzaba Lucy Garrido, la feminista uruguaya que junto a más de una decena de mujeres participaron en el Foro Internacional “Las Mujeres en el siglo XXI”, que se llevó a cabo por los veinte años del CIDEM en 2003.

Lo que hemos visto en los últimos días no da risa y sí da para preguntar: ¿Es el fiscal Mariaca el mismo pacificador que querían los bloqueadores? ¿Es Jerjes el mejor penalista del mundo? ¿Es normal que el Presidente del Tribunal de Justicia visite a sus amigas heridas? ¿El fiscal interino aprenderá a cerrar la boca? La respuesta es «tal vez». Lo que es evidente es que en nuestra región están ganando las elecciones quienes promueven un escudo ideológico de Dios Patria y Familia. La lucha contra el “narcoterrorismo” los hermana y aunque Trump es proteccionista, los otros postulan el libre mercado. Curiosamente, cuando la sudafricana Navy Pillay gana el Nobel de la paz, Estados Unidos profundiza el desmantelamiento del Tribunal Penal Internacional donde ella tuvo destacada actuación. El narcotráfico le preocupa, pero no quiere someterse a la justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos por su ejército y sus aliados.

Volviendo al encuentro de 2003, veo con nostalgia la capacidad de actuar para la implementación de la agenda feminista construida en los noventa. Y prefiero decir feminista porque desde entonces el concepto de género ya era objeto de debate, aunque no en el sentido de ese disparate llamado “ideología de género” que se usa para descalificar luchas memorables que van desde el sufragio hasta el derecho a decidir. La agenda de igualdad fue resultado de una acción colectiva —una constelación virtuosa— que culminó en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1995 en Beijing. Fue virtuosa porque se construyó dialogando. Así recuerda Ximena Machicao, entonces directora de CIDEM.

La búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres daba pasos esperanzadores en los distintos países. América Latina intentaba pagar la deuda con las mujeres que estuvieron presentes en la recuperación de la democracia. Los aportes del feminismo al pensamiento y la acción; la globalización, la crisis y su impacto sobre el trabajo de las mujeres, incluido el trabajo no remunerado; la diversidad sexual, étnica, racial y la religiosidad que ya entonces apuntaba al papel de ciertas iglesias contra los derechos: los sistemas políticos, la crítica a los partidos políticos y el trabajo en redes. Redes de salud, contra la violencia, por la despenalización del aborto y los derechos sexuales y reproductivos, educación. Bolivia era sede de una muestra donde todas buscaban incidir sobre las políticas. ¡Viva la diferencia con derechos iguales! Esa era la agenda.

Quince años después, me enfrento a uno de los momentos que mejor describen el nombre de esta columna: “Con la boca abierta”. Abro la boca, indignada, no sorprendida, porque desde que Trump gobierna y sus amigos ganan elecciones el clima político no favorece la igualdad. No resulta fácil reírse de la Fujimori, del De la Espriella, el Bukele o el Kast. De Paz Pereira todavía me río nerviosamente porque aún no decido si es ingenuo, responsable, o qué. Creo que es o qué…

En Bolivia, lo he dicho varias veces, el movimiento de mujeres entregó su cabeza (su autonomía) al MAS. Fue este partido que subordinó a sus diputadas, dirigentes sociales y construyó un escudo llamado Pacto de Unidad. Fue durante ese gobierno que las iglesias cristianas crecieron para, entre otras cosas, debilitar a la Iglesia Católica ni tan santa ni tan pura. Mientras los indicadores sociales eran peores para las mujeres (ingresos, mortalidad materna, embarazo adolescente, violencia, feminicidio, trata) avanzaba el crimen organizado y el narcotráfico instalándose en el sistema judicial e institucional.

El movimiento feminista se fragmenta cuando unas se alían con la izquierda populista y otras se callan. Hoy vemos más de lo mismo. Viejas caras rodean una entidad desdibujada que se ocupa de las mujeres y las mismas siguen colaborando sin chistar.
Es verdad que el mundo ha cambiado. Mucho. El sistema multilateral está en crisis, las guerras siguen matando mujeres y niñas y no sabemos si serán la IA o los incendios que acabarán con nuestras vidas. Tampoco sabemos si, visto lo visto, tendremos tiempo para reconstruir un Estado de derecho y una sociedad que sonría.

El escudo que nos protege es el de las Américas, que quita visas, extrae delincuentes y ante el cual el presidente hace algo similar a lo que hicieron algunas mujeres frente a Evo: cerrar los ojos y agachar la cabeza. Me imagino un logo momentáneo donde aparezcan, haciendo empanaditas, las manos de Mariaca, Cerimedo, Evo y por detrás, un poco borrosa, la Beller disfrazada de Némesis la diosa de la venganza. Ojalá podamos detener a los autoritarios sin perder la sonrisa.

Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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