Medio ambiente y mujeres en Bolivia defensoras del territorio

Opinión

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Sumando Voces

La crisis climática y la degradación ambiental no afectan a todas las personas por igual. En Bolivia, ciertos grupos en situación de vulnerabilidad, como las mujeres sufren sus impactos con mayor rigor. Esta realidad, que se intensifica con los desastres naturales o crisis económica, no hace sino agravar las desigualdades estructurales preexistentes. Sin embargo, más allá de esta vulnerabilidad diferenciada, emerge un protagonismo de las mujeres que las posiciona como actoras clave en la defensa del territorio y la búsqueda de soluciones sostenibles.

Tecnología, energía y un compromiso ambiental más profundo

En Bolivia, aproximadamente 200,000 hogares, la mayoría en áreas rurales aisladas, carecen de electricidad. Esta falta de acceso a tecnología y servicios energéticos modernos profundiza las vulnerabilidades de las mujeres rurales, que deben realizar las tareas de cuidados en condiciones precarias y sin apoyo tecnológico, perpetuando un círculo de pobreza de tiempo y oportunidades. (PNUD).

Paradójicamente, a pesar de estas condiciones adversas, las mujeres manifiestan un compromiso con el medio ambiente mayor que el de los hombres. Según resultados de la Encuesta de Conciencia Ambiental y Cambio Climático en el Área Metropolitana Kanata de diciembre de 2024, del Ecobarómetro de Ciudadanía, si bien, el compromiso general con el medio ambiente es alto (77.4%), al desagregar por sexo se observa una diferencia: el compromiso de los hombres es del 74.5%, mientras que el de las mujeres alcanza el 80.25%. Esta brecha se amplía hasta 15 puntos porcentuales en el nivel más alto de la escala, correspondiente a «mucho compromiso». Es notable que este compromiso de las mujeres se mantiene incluso entre quienes tienen una valoración crítica de la calidad ambiental de su entorno y solo tiende a igualarse al de los hombres cuando la percepción de la calidad ambiental es excelente. Este resultado sugiere que la conciencia ecológica de las mujeres está menos condicionada por la percepción positiva de su entorno inmediato y podría estar más arraigada en su experiencia cotidiana de gestionar la escasez.

Impactos en la vida cotidiana: la multiplicación del trabajo no remunerado

Las mujeres asumen una carga desproporcionada en el cuidado del hogar, garantizando alimentos, agua y combustible para sus familias. En zonas rurales o en contextos de precariedad económica, la escasez de estos recursos, agravada por el cambio climático, se traduce en una sobrecarga inmediata para ellas: deben trabajar más y recorrer mayores distancias para acceder a agua y leña, lo que implica un mayor desgaste físico y reducción de su tiempo disponible para actividades productivas, educativas o de participación social y política. Esta realidad evidencia cómo una problemática global impacta de forma directa y desproporcionada en la vida cotidiana de las mujeres.

Barreras y oportunidades en la participación y la toma de decisiones

Esta falta de tiempo es solo una de las múltiples barreras que limitan su participación, históricamente, la presencia de mujeres, especialmente indígenas, en espacios técnicos y de liderazgo comunitario, ha sido reducida debido a normas sociales y culturales discriminatorias. A esto se suman el acceso desigual a la tierra, el agua y otros recursos, así como la exclusión sistemática de sus voces en las decisiones sobre planificación y gestión de la naturaleza. Esta exclusión no solo vulnera sus derechos, sino que empobrece las estrategias comunitarias de adaptación climática, desaprovechando sus conocimientos y perspectivas.

No obstante, existen experiencias que demuestran que es posible un cambio positivo, tanto para el medio ambiente como para el rol de las mujeres en su defensa. Iniciativas como el monitoreo forestal con el pueblo Tacana revelan que, al eliminar barreras prácticas como adaptar los horarios a las responsabilidades domésticas, la participación de las mujeres no solo es factible, sino que se vuelve significativa. Llegando a ocupar el 70% de las posiciones de monitoreo ambiental, aunque su representación en juntas comunitarias aún sea minoritaria (25%). Estos datos evidencian su potencial cuando se generan las condiciones adecuadas.

Mujeres como agentes de cambio: defensa del territorio y justicia social

Este compromiso se traduce en acción, el rol de la mujer en Bolivia trasciende la participación para convertirla en un agente de cambio fundamental que vincula la justicia ambiental con la justicia social. Su presencia y liderazgo son determinantes en las luchas socioambientales, donde la defensa del territorio se convierte también en una lucha por otros derechos: el derecho a una vida libre de violencia, a la salud y a la participación política plena.

Sin embargo, este protagonismo no está exento de riesgos, las defensoras del territorio enfrentan desafíos estructurales como el acceso limitado a financiamiento y la invisibilización de su rol; además, sufren violencias específicas por razón de género: violencia simbólica, psicológica, amenazas y agresiones sexuales utilizadas como arma de amedrentamiento, que requieren enfoques de protección diferenciados y una mayor visibilización.

En definitiva, las mujeres bolivianas, especialmente las indígenas y rurales, se encuentran en una situación paradójica: sufren de manera desproporcionada los impactos del cambio climático y a su vez, son depositarias de un conocimiento y un compromiso esenciales para enfrentarlo. Eliminar las barreras estructurales que limitan su acceso equitativo a recursos, tecnología, formación y espacios de decisión no es solo una cuestión de justicia social, sino una condición indispensable para diseñar estrategias de adaptación climática y defensa del territorio que sean verdaderamente eficaces y sostenibles para toda la sociedad.

Valeria Campos es profesional área social del proyecto Ciudadanía Ambiental y Cambio Climático de Ciudadanía.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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