Crecida del río Tipuani en Guanay. Foto: ABI
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Las persistentes lluvias que azotan gran parte del país comienzan a mostrar su rostro más crítico en el departamento de La Paz, donde derrumbes, crecidas de ríos y carreteras inestables configuran un escenario de emergencia que se replica, con distinta intensidad, en otras regiones del territorio nacional.
En las últimas horas, un hecho reflejó la magnitud del riesgo: comunarios de la provincia Larecaja rescataron a un hombre que quedó atrapado en un árbol en medio de una repentina riada del río Tipuani. El episodio, registrado en videos que circularon ampliamente en redes sociales, muestra al afectado aferrado a una cuerda improvisada mientras vecinos, organizados, lograban ponerlo a salvo en medio de la fuerza del caudal.

La escena no es aislada. En el norte paceño, la crecida de ríos y las lluvias continuas han elevado los niveles de alerta, mientras que en la ruta hacia Sud Yungas la situación es aún más delicada. Transportistas reportan al menos siete puntos con derrumbes —en sectores como Las Mercedes, La Calzada, Santa Rosa y San Bartolomé— que han dejado tramos intransitables, vehículos varados y pasajeros obligados a continuar a pie o incluso a pasar la noche en carretera.
Aunque la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) reconoce afectaciones puntuales, conductores advierten que el deterioro es más extendido y que la plataforma vial ha cedido en varios sectores. En algunos casos, solo motocicletas logran sortear los tramos dañados.
Los efectos de las precipitaciones también se reflejan en incidentes viales. En Charopampa, un bus volcó debido a las condiciones del camino, mientras que en otros puntos la mazamorra bloqueó completamente el paso. La situación se agrava por la continuidad de las lluvias, que impide trabajos sostenidos de rehabilitación.
En otra regiones
El impacto de las riadas también se siente con fuerza en el oriente del país. En Santa Cruz, pobladores de Colpa Bélgica enfrentan diariamente una travesía riesgosa para cruzar el río Piraí, luego de que un puente colapsara en diciembre pasado. Sin una estructura habilitada, los habitantes deben atravesar el agua a pie o utilizar una tirolesa improvisada para llegar a sus fuentes de trabajo, centros educativos o actividades comerciales.
“Debemos tener fuerza en las piernas para que el río no nos arrastre”, relata uno de los pobladores, reflejando la rutina de quienes arriesgan su vida ante la falta de una solución definitiva. La construcción de un nuevo puente está en marcha, pero la población exige acelerar los trabajos.
A nivel nacional, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) mantiene alertas hidrológicas de prioridad roja y naranja en varias cuencas, especialmente en los ríos Chapare y Mamoré, donde se prevén posibles desbordes. En La Paz, también se monitorean los ríos Irpavi y Achumani ante el riesgo de crecidas.
El pronóstico no es alentador. Se prevén lluvias y tormentas eléctricas en el norte de La Paz, Beni, Pando y el Chapare cochabambino, mientras que en el occidente persistirán los chubascos aislados.
En este contexto, las carreteras del país continúan bajo presión. Tramos estratégicos presentan restricciones, cierres temporales y circulación condicionada, afectando el transporte de pasajeros y mercancías, y evidenciando la vulnerabilidad de la infraestructura frente a eventos climáticos prolongados.
La combinación de lluvias intensas, suelos saturados y ríos crecidos mantiene en vilo a varias regiones del país. Mientras las autoridades despliegan maquinaria y operativos de emergencia, la población enfrenta, día a día, los efectos de una temporada que no da tregua y que pone a prueba la resiliencia de comunidades enteras.
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