El investigador Danny Revilla, durante su exposición. Foto: Captura de pantalla del CEDLA
Bolivia mantiene una alta dependencia de los combustibles fósiles y no ha logrado avanzar de manera significativa hacia la transición energética, según un estudio presentado por Danny Revilla, investigador especializado en geotermia, que analiza las políticas del sector eléctrico y energético del país. El documento revela que más del 80% de la oferta primaria de energía proviene del gas natural y el petróleo, mientras que las energías renovables —como la hidroeléctrica, eólica y solar— apenas representan una fracción marginal del total.
«Tenemos que enfatizar que el sector transporte, agro, pesca y minera son los grandes consumidores de petróleos o de combustibles fósiles líquidos. El transporte consume aproximadamente el 80% de diésel, y el 13% corresponde al sector agro y minería», expone el especialista.
La investigación fue expuesta en un espacio académico organizado con el respaldo del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) y comentada por los ingenieros Juan Carlos Guzmán y Álvaro del Castillo, quienes coincidieron en la necesidad de debatir el futuro energético del país desde una mirada técnica, social y estratégica.
De acuerdo con los datos presentados, el gas natural concentra cerca del 60% de la matriz energética boliviana, seguido del petróleo con alrededor del 22%, mientras que las energías alternativas aún tienen un peso marginal en Bolivia: la energía hidroeléctrica aporta apenas el 3% de la energía primaria, la eólica representa el 1% y la solar menos del 1%.
El estudio identifica al sector transporte como el principal consumidor energético del país, con aproximadamente el 52% del total y responsable de cerca del 80% del consumo de diésel. En contraste, el uso de electricidad en el transporte —como el teleférico, el tren metropolitano o los vehículos eléctricos— es mínimo, aunque ya ha demostrado impacto positivo en eficiencia energética y reducción del consumo de combustibles líquidos.



Revilla advirtió que la crisis económica que atraviesa el país está estrechamente vinculada al modelo energético, caracterizado por una escasa modernización del transporte, la agroindustria y la minería, así como por al menos dos décadas de subsidios a los combustibles fósiles —medida que fue eliminada recientemente por el presidente Rodrigo Paz mediante el Decreto Supremo 5503—. A su criterio, una transición energética efectiva permitiría reducir el consumo de diésel y preservar las reservas de gas natural, consideradas un recurso estratégico para Bolivia.
En el ámbito eléctrico, el estudio señala que la generación está dominada por termoeléctricas que operan con gas natural y que concentran entre el 60% y 70% de la oferta, mientras que las hidroeléctricas aportan alrededor del 23% y las energías eólica, solar y biomasa entre el 13% y 14%, con variaciones estacionales metereológicas. Además, se advierte una concentración de inversiones en determinadas plantas termoeléctricas —las cuales pertenecen en su mayoría a ENDE— y un rezago del sector privado (que representa un 8%) desde 2010.
El análisis también cuestiona el marco regulatorio vigente, basado en la Ley de Electricidad 1604 de 1994, que —según el autor— no ha sido actualizado de manera integral para fomentar la inversión privada ni el desarrollo de energías renovables. Aunque existen decretos que incentivan proyectos de generación distribuida y el acceso a financiamiento multilateral, el estudio plantea que Bolivia carece de mecanismos sólidos como subastas, contratos de compra de energía y garantías jurídicas que atraigan capital privado.
Revilla destaca el potencial de la geotermia como una fuente energética estratégica para el país, por su alta confiabilidad y capacidad de operar de forma continua, especialmente en regiones como Potosí y el occidente boliviano. Esta energía, dice, podría ser clave para atraer inversiones en centros de datos y actividades tecnológicas que requieren suministro eléctrico estable.
El estudio concluye que Bolivia necesita diversificar su matriz energética, modernizar el transporte y la industria, y consolidar un marco regulatorio claro que promueva la eficiencia energética, las energías renovables y la inversión sostenible. Según Revilla, contar con un excedente de energía limpia no solo fortalecería la seguridad energética del país, sino que también lo haría más atractivo para la inversión extranjera en un contexto de transición energética global.
Revilla señala que Bolivia cuenta con el potencial para avanzar hacia una transición energética justa y sostenible mediante el impulso de proyectos eléctricos estratégicos, como la energía geotérmica una fuente limpia, continua y altamente confiable. Sin embargo, enfatiza que su desarrollo sigue pendiente y su viabilidad depende de una decisión política acompañada de leyes y normativas más modernas.
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