Retornando a los discursos divisorios de la guerra fría

Opinión

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Rubén Ticona Quisbert

En 1947, el actor, comediante, cineasta y músico Charles Chaplin fue acusado públicamente de ser simpatizante comunista durante las audiencias del Comité de Actividades Antiestadounidenses de los Estados Unidos de América. Las causales específicas fueron sus críticas al capitalismo, a la desigualdad, a la deshumanización industrial y al autoritarismo, plasmadas en películas como Tiempos Modernos (1936) y El gran dictador (1940). En plena Guerra Fría, la difusión de estos mensajes fue interpretada por sectores políticos como antiamericana.

Asimismo, Chaplin defendía públicamente los derechos laborales y la justicia social, razones suficientes para que los líderes norteamericanos de la época lo obligaran a abandonar Estados Unidos, revocando su permiso de reingreso y forzándolo al exilio. Esta injusticia se prolongó durante 20 años contra uno de los genios del séptimo arte. En 1972 pudo retornar a territorio norteamericano para recibir el Óscar Honorífico, siendo honrado con una ovación histórica. El tiempo terminó dándole la razón a las ideas que difundía Charles Chaplin y, sobre todo, evidenció el daño que la persecución ideológica irracional de la Guerra Fría causó a la humanidad.

Sin duda alguna, se necesitarían innumerables libros para describir y detallar todas las atrocidades e injusticias emanadas de la Guerra Fría, tanto por parte de Estados Unidos, China y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Lamentablemente, la historia por omisión involuntaria o voluntaria está siendo ignorada. Debido a ello, hoy, en pleno siglo XXI, se está retomando la polarización de las sociedades occidentales entre socialistas, liberales, izquierdistas y derechistas.

Lo más preocupante es que también se está retomando el factor cultural, racial y religioso como instrumento para estigmatizar a determinados grupos sociales por su supuesta afinidad ideológica. La idea de deshumanizar a quien piensa distinto es una política que actualmente utiliza el presidente de Estados Unidos y que se está expandiendo, y lo más preocupante, se está enraizando en las sociedades de América Latina, impulsada por los triunfos de presidentes liberales que asumen como línea política los discursos e ideas promovidos por Donald Trump.

El miércoles 8 de enero de 2025, en el estado de Minnesota, Estados Unidos, un agente de inmigración del ICE asesino a tiros a la ciudadana estadounidense Renee Nicole Good. El hecho ocurrió durante una redada antinmigrante. La víctima se encontraba dentro de su automóvil y se negaba a descender del mismo; el agente procedió a disparar de manera inmediata cuando el vehículo avanzó. Este hecho generó indignación nacional, provocando marchas de repudio contra la administración Trump, la cual alegó sin pruebas que  la víctima era una terrorista de izquierda y que el agente actuó en defensa propia.

La realidad fue otra: Renee Nicole Good era una ciudadana estadounidense que nunca participó en actos políticos ni en activismo, ni difundía ideología alguna. Llevaba una vida normal como madre, en uno de los estados con menor tasa de delincuencia del país. Estados Unidos vive hoy un clima de alta tensión social desde el retorno de Trump a la presidencia. A diferencia de los años de la Guerra Fría, cuando predominaban las acusaciones y sospechas, hoy se ha pasado a justificar la muerte de inocentes de manera abierta y descarada.

De tener, a mediados del siglo XX, un planeta dividido por la Guerra Fría, hoy enfrentamos sociedades profundamente polarizadas, orientadas al extremismo y la intolerancia, con una característica adicional: las redes sociales, donde diariamente se difunden de manera indiscriminada discursos de odio religioso, cultural y racial, impulsados por la ideología política dominante. El debate ideológico, tanto liberal como de izquierda, no es más que una excusa utilizada por grupos de poder a nivel mundial.

Detrás de estos discursos se encuentra la hegemonía sobre los recursos naturales, naciones como Estados Unidos, China y Rusia buscan el sometimiento de otros países para imponer políticas extractivistas que favorecen a empresas y corporaciones, incluso a costa del bienestar de las naciones y, de manera trágica, del bienestar de sus propios ciudadanos, como ocurre actualmente en Estados Unidos.

¿A quiénes les conviene desempolvar los viejos discursos y prejuicios de la Guerra Fría? La respuesta es clara: a los grupos de poder que controlan las potencias mundiales. La manipulación mediática es solo uno de sus instrumentos. Para estos sectores, si las pruebas o estudios científicos refutan sus discursos como ocurre con el cambio climático y la huella de carbono simplemente los negarán, porque los intereses económicos están por encima del amor a la vida, a la nación y al futuro de la humanidad.

En Bolivia, a raíz del Decreto Supremo 5503 y el levantamiento de la subvención a los hidrocarburos, se está generando una polarización social entre quienes apoyan ciegamente la aplicación de la normativa, cansados de las políticas del Movimiento al Socialismo aun cuando dicho decreto ha sido catalogado por especialistas como inconstitucional en aspectos vinculados a la inversión extranjera, el Banco Central y el medio ambiente.

Aún estamos a tiempo, como sociedad, de evitar replicar actos de violencia, racismo y discriminación por origen cultural, como los que hoy se observan en Estados Unidos. Los bolivianos estamos cansados del modelo económico que nos condujo a la crisis actual, pero ello no debe llevarnos a respaldar ideas de ultraderecha que se sostienen en la discriminación y la violencia contra quienes piensan diferente. Bolivia merece crecimiento económico con respeto al medio ambiente y a la pluralidad de criterios. No podemos seguir el camino enfermizo que hoy se está propagando desde el hemisferio norte.

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Rubén Ticona Quisbert es economista y activista del Colectivo Lucha por la Amazonia.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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