El mercado San Antonio fue un centro de encuentro y de análisis esta semana. Foto: Colectivo Urbano de Sucre
Arquitectos, estudiantes de arquitectura e integrantes del Colectivo Urbano de Sucre hicieron un recorrido este miércoles por el mercado San Antonio de Sucre para mostrar que las infraestructuras son espacios de derechos y que las personas deberían ser el centro de esas construcciones.
“No basta construir infraestructuras, sino hay que diseñar espacios pensando en quienes los habitan”, expresó Sandra Ayala, coordinadora del colectivo urbano de Sucre, una organización promovida por el Programa Urbano de UNITAS.
Agregó que el desafío no es hacer infraestructuras perfectas, sino flexibles y capaces de evolucionar junto a su comunidad. “Los mercados se diseñan como si todos funcionaran igual, pero sin entender que aquí hay ritmos, costumbres y relaciones que también necesitan espacio”, expuso Ayala.
La convocatoria para hacer el recorrido fue lanzada por el Congreso Boliviano de Urbanismo, que esta semana se desarrolla en Sucre y que está organizado por el Instituto Boliviano de Urbanismo (IBU) y la carrera de arquitectura de la Universidad San Francisco Xavier. El Colectivo Urbano, que está integrado por el Cuarto Desordenado, las recicladoras de base y el Colegio de Arquitectos de Chuquisaca fue parte de la iniciativa.






Jazmín Porcel, integrante del colectivo Cuarto Desordenado que, a su vez es parte del Colectivo Urbano, contó que ese mercado, que está ubicado en el distrito 5, zona de San Antonio, hasta hace pocos años era un canchón, sin las mínimas condiciones, donde solo había un baño para unas 100 personas.
Luego se procedió a la construcción de la infraestructura pero, según cuenta, las opiniones de las vendedoras que lo habitan desde que amanece hasta que anochece, no fueron tomadas en cuenta.
Pese a eso, ellas están felices con la infraestructura, pero tuvieron que adaptar los espacios poniéndoles su sello personal con plantas, rejas o vidrios para la seguridad.
Por otro lado, los presentes repararon en que, si bien hay escaleras eléctricas, a veces no funcionan y no hay rampas para las personas con discapacidad.
Por eso, el pedido de las caseras a los futuros arquitectos o tomadores de decisiones fue que cuando diseñen espacios lo hagan pensando en quienes lo van habitar.
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