El parque Arenal: un espacio para despejarse y pensar

Opinión

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J. Alex Bernabé Colque

El año pasado, junto con Laura Lara y Octavio López escribimos un reportaje sobre el parque Arenal en el marco de la iniciativa Perspectivas Urbanas, impulsada por UNITAS. En ese trabajo destacamos la importancia histórica del parque Arenal, que recupera parte de la memoria de Santa Cruz de la Sierra.

También hicimos eco de su abandono, de la falta de participación ciudadana y de las ‘buenas intenciones’ inconclusas de revitalización. Mencionamos la Ley Municipal 480 de 2016, que lo declara patrimonio histórico, y recordamos los desafíos de su gestión conectándolos con las propuestas del derecho a la ciudad.

Mi cercanía y cariño por el parque Arenal me motivan ahora a escribir esta columna. Hace unas semanas, el primer parque urbano de Santa Cruz volvió a ser noticia, pero no de la buena: la laguna estaba como cuchuqui, llena de barro y basura. El concejal Carlos Manuel Saavedra, más conocido como Mamen, en sus destacadas intervenciones recorrió el lugar con botas, encontrándose con peces luchando por sobrevivir, entre plásticos y lodo. La concejala Lola Terrazas Terrazas denunció además el abandono de las esculturas de sirenas e hidras, que fueron retiradas con la promesa de mantenimiento, pero siguen olvidadas en el parque Los Olivos, según la autoridad. Sobre la gestión municipal habrá mucho más que decir en futuras columnas y en las elecciones municipales a realizarse en el 2021.

El parque para ventearse y soñar

Hoy quiero centrarme en el rol del parque como espacio para descansar y soñar.

Desde los feminismos y los derechos humanos, en las últimas décadas se ha popularizado hablar del derecho a la ciudad: una ciudad que respete la diversidad de las personas, en su orientación sexual, género, edad, capacidades, tradiciones y costumbres. Una ciudad con infraestructuras que permitan sentirnos segurxs y ejercer libremente nuestro desarrollo de la personalidad. Una ciudad con áreas verdes, bibliotecas abiertas, espacios culturales, canchas, mayor educación vial, mejores transportes púbicos. Todo esto no ocurre de manera automática: requiere políticas públicas y voluntad.

El parque Arenal, ubicado en una zona estratégica, colinda con el mercado Los Pozos, la plaza principal 24 de septiembre y el Palacio de Justicia. Está rodeado de las rutinas más tediosas de la burocracia, pero también ofrece la oportunidad de un respiro: un espacio para cruzar, detenerse, descansar, pensar y capaz encontrarse con unx mismx.

Es común ver allí a abuelas con sus nietxs, padres con sus hijas, parejas cortejándose, adultos mayores caminando despacio por las calles Beni y Caballero, jóvenes afanadxs. A todo este mosaico humano le hace falta un lugar para respirar, desconectarse y cuidar la salud mental en medio de una ciudad cada vez más poblada, inquieta y diversa, como lo es Bolivia.

El parque ofrece esos instantes para ventearse, escapar por unos minutos de los problemas y crisis que genera la clase política, refrescarse en un espacio verde bajo el sol quemante (por el poco cuidado del medio ambiente), sentir la brisa que todavía circula por su laguna.

Y también, por la noche, se convierte en un escenario distinto: la luna, las luces tenues, el reflejo en el agua que abre un horizonte de esperanzas. Un espacio para dejar volar la imaginación, viajar de la mano de las sirenas o dejarse acompañar por las hidras que custodian el parque Arenal.

Por eso insisto en su importancia: el parque Arenal no es solo un espacio urbano, es parte esencial del derecho a la ciudad. Un lugar que nos recuerda que la vida también necesita pausas, sombras y sueños compartidos.

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J. Alex Bernabé Colque es defensor de derechos humanos

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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