El 30 de julio, en ANF y Sumando Voces, publiqué una columna titulada ¿Socialismo? ¿Comunismo? ¿Dónde?, en la que, en contraposición a la visión de muchos simpatizantes liberales, neoliberales y libertarios, en resumen expuse tres puntos: 1) que era falso que en los últimos 20 años en Bolivia se hubiera implementado, en la práctica, el socialismo o el comunismo; 2) que, en consecuencia, también era falso que la principal causa de la actual crisis económica del país fuera la aplicación de estas ideologías por parte del MAS; y 3) que la causa fundamental radicaba en que, desde 1985, tanto los gobiernos neoliberales como el propio MAS no habían logrado cambiar la matriz productiva ni superar el modelo extractivista, basado en la exportación de materias primas, que se mantenía vigente hasta la actualidad.
El 1 de agosto, dicha columna fue respondida en el perfil de Facebook de Óscar Mario Tomianovic, economista y reconocido representante de la corriente libertaria que, en el programa de debate 6A1 —organizado por El Deber y en el que también participé— afirmó que la raíz de la crisis económica actual es el estatismo y la existencia de un sistema altamente socialista en Bolivia.
En su respuesta, Óscar —a quien agradezco por responder mi columna— presenta un texto interesante pero contradictorio, en el que insiste en afirmar que, en los 20 años de gobierno del MAS, se implementó el socialismo. A continuación, respondo a los cinco puntos que desarrolla en su texto que lo pueden leer en este enlace.
Respecto al punto 1, en el que Óscar responde la siguiente pregunta que se plantea: ¿Es cierto que el MAS no intentó cambiar la estructura productiva del país?, a lo que responde que “el modelo económico del MAS sí intentó industrializar Bolivia, aunque fracasó en el intento”. Sin embargo, la idea central de mi columna no iba en esa dirección. Lo que planteo es que la principal causa de la crisis económica actual es que, desde 1985, ni los gobiernos neoliberales ni el MAS lograron cambiar la matriz productiva ni superar el modelo extractivista basado en la exportación de materias primas. No abordo los intentos de modificar la estructura productiva, sino la incapacidad para superar el modelo extractivista. Mi análisis se sustenta en resultados y hechos, no en intenciones, propaganda o discursos sobre industrialización, como sí hace Óscar. Además, cuando afirma que el MAS fracasó en la industrialización “de la mano del Estado, como el resto de sus pares en el siglo pasado”, habría que preguntarle si se refiere a China o a la URSS como países que no lograron industrializarse, afirmación que, en todo caso, es general y tampoco cierta.
Respecto al punto 2, Óscar señala que “adjetivizo” a quienes sostienen que en Bolivia se implementa el socialismo, y afirma que negar la existencia de un socialismo estatista en el país es desconocer la teoría política y económica del socialismo. Para sustentar su posición, cita a obras de Marx y a Lenin, donde mencionan sobre la dictadura del proletariado y la toma del Estado como paso previo para instaurar una economía socialista. Nada de eso ocurrió en Bolivia. La llegada del MAS no implicó una revolución como en la URSS o en la China, ni la eliminación de la propiedad privada, ni la estatización de los medios de producción pertenecientes a las élites económicas del país. La historia reciente muestra, más bien, el ascenso de un gobierno neodesarrollista, basado en un capitalismo con cierta intervención estatal, que, gracias a la bonanza de los precios de las materias primas, obtuvo resultados relativamente buenos hasta antes de 2016. Un gobierno que, además, no desmontó las políticas neoliberales impuestas por el Decreto 21060.
Respecto al punto 3, en el que Óscar responde la siguiente pregunta que se plantea: ¿El MAS es socialista?, al que responde basándose en una falsa dicotomía: “como el programa del MAS atacó sistemáticamente la función empresarial, encajaría en la definición de socialismo”, según autores de la Escuela Austríaca y mentores de Javier Milei, como Hans-Hermann Hoppe y Jesús Huerta de Soto Ballester, a quienes recurre para definir socialismo. Parece que Óscar ve en estos 20 años del MAS los 69 años de la URSS y la realización del ideal marxista de abolir la propiedad privada en Bolivia. De esta manera aplica los conceptos de socialismo de sus dos mentores, olvidando que, durante la bonanza económica, fue precisamente cuando más ganancias obtuvo la élite agroempresarial cruceña —como en una ocasión señaló el politólogo liberal Manuel Suárez— y que, además, el MAS pactó la aprobación de la nueva Constitución preservando la base productiva agraria de dicha élite. Sería recomendable que Óscar revisara la tesis de maestría de la politóloga Marisel Hinojoza (El cambio de las relaciones entre la élite económica agroindustrial y el gobierno de Evo Morales en el periodo 2009-2013 y su expresión en política pública, UNAM, 2022) y el reciente trabajo del politólogo Luis Tapia (La nueva derecha: el MAS como intelectual orgánico débil del capitalismo, 2025).
Respecto al punto 4, en el que Óscar responde la siguiente pregunta que se plantea nuevamente: ¿Es realmente socialista el MAS? Donde en resumen sostiene que el MAS aplicó medidas concretas —como nacionalizaciones y creación de empresas estatales— típicas de economías socialistas. Nuevamente, Óscar toma como verdad la propaganda gubernamental y cree, sin cuestionar, el discurso donde el MAS se autodefine como socialista. Incluso, sin querer, se contradice cuando reconoce que no se puede ser “tan purista” y deja al descubierto la falsa dicotomía que predican algunos libertarios: asumir que, por aplicar ciertas políticas estatistas, ya se es socialista. Siguiendo esta lógica, incluso Estados Unidos o Noruega, Suecia, Finlandia, etc., por aplicar ciertas políticas, serían socialistas.
Respecto al punto 5, en el que Óscar responde la siguiente pregunta que se plantea: ¿Seguro que el MAS no es socialista? Que responde con una prueba de fuego, que estaría en el discurso del MAS, porque dicho partido actuó con dirección a su retórica de implantar un Estado socialista. Aunque es evidente la relación del gobierno del MAS con países como Cuba y Venezuela, ese dato no puede ser tomado como prueba de fuego. Oscar cae de manera más evidente en la propaganda gubernamental y se toma muy en serio, a letra muerta la retórica de la propaganda del MAS, y es recontra convencido de que el gobierno del MAS es socialista. La propaganda del MAS, como diría Gebel, rinde sus frutos, una mentira repetida mil veces, por la propaganda, se convierte en realidad para sus militantes y críticos.
Debo recalcar que el eje central de la columna comentada por Óscar fue señalar que una de las principales causas de la actual crisis económica radica en el fracaso del MAS para cambiar la matriz productiva y superar el modelo extractivista —basado en la exportación de materias primas—, y no en la supuesta implementación del socialismo o del comunismo, como sostienen la mayoría de los actores políticos —desde Jaime Dunn, Branko Marinkovic, Luis Fernando Camacho y Jorge “Tuto” Quiroga, hasta Samuel Doria Medina—, así como varios jóvenes libertarios. Estos últimos, para sustentar su diagnóstico, suelen basarse más en la propaganda y el discurso del MAS que en los hechos concretos. Quienes, como Óscar, insisten en ese diagnóstico, parecen hacerlo no por desconocimiento, sino por aferrarse a la ideología que defienden.
En esos días, para conocer otras reacciones a mi columna, compartí su enlace en el grupo de WhatsApp del Colegio de Sociólogos de Santa Cruz, para escuchar a Renzo Abruzzese, presidente del Colegio de Sociólogos de Santa Cruz, a quien también mencioné en la columna. Indicando: “les comparto esta columna de opinión donde respondo, en parte a unas ideas vertidas por el colega Renzo, que seguramente en algún momento podremos debatirlo cuando nos encontremos”.
Sorprendiéndome la respuesta que recibí de Renzo: “Juan Pablo, estoy plenamente de acuerdo, es un error calificar los gobiernos del MAS como socialistas, y más aún como comunistas. Lo paradójico es que utilicé el término sabiendo que cometía un error, y aunque parezca banal decirlo ahora, nunca lo hice antes. Gracias por la observación”.
Por aquellos días, mientras revisaba las publicaciones en redes sociales, encontré en el perfil de Facebook del politólogo Guillermo Bretel un comentario que me detuve a leer con atención:
—El socialismo suele derivar en dictadura, porque al estatizar los medios de producción concentra no solo el poder político, sino también el económico. En una sociedad libre, el poder económico debería estar disperso y fungir como contrapeso al poder del Estado.
A lo que decidí consultarle con precisión:
—En lo empírico, ¿a qué países te refieres cuando hablas de socialismo?
La respuesta de Bretel no se hizo esperar:
—A lo que fue la República Democrática Alemana, por ejemplo, que es la dictadura socialista que más he estudiado.
Entonces le respondí:
—Pensé que te referías a Bolivia, como algunos amigos lo hacen.
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Juan Pablo Marca es politólogo e investigador social.





